Las personas de la EMT

ARSÉNICO POR DIVERSIÓN

La movilidad en Valencia debería contemplar especialmente a los mayores, que son el colectivo más vulnerable de la sociedad

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

La señora Marisa coge todos los días el autobús para ir a tomar café con las amigas. Desde que los hijos se cambiaron de casa, ha tenido que acostumbrarse a cruzar media Valencia para acudir a la cita de siempre. Podría no ir, pero las tardes se hacen eternas y su médico le ha recomendado que a su edad, 75, salga y se relacione con gente. Además así se obliga a andar un poco y moverse; de lo contrario, estaría todo el día sentada en el sillón. Y no es bueno porque, si lo hace, le duelen bastante las rodillas y de vez en cuando los riñones. A pesar de eso está bastante bien aunque ella tiene miedo de perder la memoria porque ya nota que se le olvidan las cosas. Por eso le conviene seguir la misma rutina a diario y le preocupa que el cambio de ruta del autobús 41 le obligue a caminar más de lo acostumbrado y la despiste.

En cambio, el señor Ramiro sí tiene más problemas para retener información nueva. Él aún habla del «trolebús» y hay días en los que le sorprende que no haya un cobrador sentado al final del autobús. Si le dejan ir solo es porque su ruta es corta y sólo lo coge para ir a comer a casa de la hija mayor, pero la nieta, que tiene vacaciones, le ha prometido acompañarle los primeros días en los que la línea 1 será la 94 porque no se fía y cree que no se aclarará. Luego, cuando tenga que volver a trabajar, no sabe qué hará porque está segura de que será incapaz de recordar el nuevo número del autobús de siempre.

La movilidad en Valencia, como en el resto de ciudades europeas, debería contemplar con especial cuidado a nuestros adultos mayores. Ellos son el colectivo más vulnerable por mucho que haya otros que se cuelguen esa etiqueta. En muchas ocasiones no pueden utilizar el transporte privado porque ya no conducen, porque no pueden costearlo o porque siempre se han movido en transporte público. No utilizan las bicis porque sus rodillas no se lo permiten ni sus artrosis les animan a grandes caminatas. Su medio más frecuente suele ser el autobús. A sus edades, los cambios son un riesgo por si no los recuerdan, porque les desorientan y porque suponen una alteración de su rutina, la mejor aliada para quienes sufren ciertas pérdidas de memoria. Así, para nuestros adultos mayores y sus familias, el cambio previsto en los autobuses de Valencia puede ser un motivo de inquietud y preocupación.

Sin embargo, no parece que la EMT haya previsto auxilio personal de informadores que les atiendan en las paradas, de modo itinerante o en una oficina ad hoc. Lo resuelven con folletos, carteles e información en las marquesinas. Estupendo para las cataratas, la resolución de dudas in extremis y la fácil localización de un dato concreto. La política de las personas no cuenta con algunas que ayuden a los más vulnerables. Lo haremos los demás usuarios cuando los encontremos despistados e inseguros. En Valencia, la 'política de las personas' la hacemos los ciudadanos.

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