Pensiones

Mover a los pensionistas, la masa crítica de electores del PP, es hacer traición de los juramentos de lealtad del Pacto de Toledo

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

Las pensiones no deberían ser materia de política de partido. Como el agua, como la Defensa, como la Justicia y la Educación, los dioses deberían dar a los políticos la sabiduría necesaria para no caer en el pecado del manoseo. Pero no siempre es posible: si Girón de Velasco ensalzaba a un Caudillo capaz de velar por los pensionistas como un padre, los partidos de nuestro tiempo no se resisten a la tentación. Inventaron en su momento el Pacto de Toledo, que tenía que ser como una reserva técnica a salvo de los intereses electorales de los partidos. Pero Pedro Sánchez, en su proceso de enérgico control del partido que un día le descabalgó, ha propuesto a los suyos un rumbo donde figura en lugar destacado el asunto más sensible e irritante, más dado a la comparación y el malentendido: las pensiones.

En pocos días, unos medios de comunicación hartos del problema catalán han acogido las manifestaciones de los pensionistas como una bendición: al fin un tema diferente de Puigdemont y el temporal de frío, tan reiterativos e iguales. En muy pocos días, el Gobierno ha sentido temblor en las rodillas y ha convocado un pleno sobre el particular para el 14 de marzo.

Se levanta la veda de la demagogia, el populismo y la exageración. Se levanta la veda, también, para recordar que fue Zapatero quien se vio obligado, en 2010, a congelar las percepciones. Se levanta la veda contra esa birria de aumento, el del divertido 0'25%. Y también contra los 12'50 euros que el lider socialista propone. Preparémonos a oír de todo, a ver amenas tertulias en las televisiones con el asunto de las pensiones como directriz. Porque el tema de marzo no va a ser la unidad y la firmeza del Estado frente a la burla reiterada del independentismo catalán, sino el consabido asunto «cuarenta-años-cotizando-para-esto...», verdadero maná para la Quinta y la Sexta.

Es un sarcasmo, pero viene así. Los dos partidos que por fortuna secundan al PP en la defensa de la Constitución se ven obligados a hacer lo preciso para que el espectador los vea diferentes, tensos e incluso agresivos. Mover a los pensionistas, la masa crítica de electores del Partido Popular, es hacer traición de los juramentos de lealtad del Pacto de Toledo. Pero lo que estamos viendo es una especia de gimnasia pre-electoral; unas grandes maniobras de movilización sindical patrocinadas por el PSOE. Pero, claro está, si el sistema ofrece un desequilibrio de 17.000 millones de euros al año... pretender que los partidos de la izquierda disimulen es demasiado inocente.

¿Se hablará en serio de la necesidad de mejorar la natalidad, favorecer una emigración integrada y crear mucho empleo de calidad? ¿Se hablará de incentivar y premiar el ahorro y las pensiones de índole privada? ¿Se abordará el problema -que es muy grave- con la claridad de los expertos y técnicos y sin la demagogia habitual de la política? Atentos a la pantalla: muy pronto lo sabremos.

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