Pena

J. SÁNCHEZ HERRADOR

Da pena ver a miles de jubilados manifestándose porque no llegan con sus pensiones a fin de mes. Los pensionistas merecen nuestra más alta consideración, pero lo que se dice pena, más la producen aún los millones de jóvenes que se han formado a conciencia y deben trabajar en condiciones precarias por unos salarios de miseria. Y por supuesto esas mujeres que viven con sus hijos y que hacen milagros para sostener ellas solas el hogar. Y qué decir de esos millones de parados que no cobran ninguna prestación y tienen que recibir ayudas sociales para sobrevivir. Por no hablar de los trabajadores mayores de 45 años que han sido despedidos y que muy posiblemente no encontrarán nunca más un empleo estable, si lo consiguen.

Según la doctrina políticamente correcta todos los pensionistas han trabajado muchos años y deben recibir sus pensiones actualizadas según el índice de precios al consumo, pero lo que nadie quiere resaltar es que los pensionistas no han sufrido con tanta intensidad como otros colectivos los efectos de la crisis, que los actuales jubilados están cobrando pensiones calculadas sobre los mejores años de su vida laboral, que las cantidades cotizadas por muchos de ellos eran muy inferiores a las pensiones que ahora reciben y que la pensión media ha crecido durante los últimos años. La verdad es que el sistema no estaba pensado para que un pensionista que se jubilaba a los 63 años efectivos cobrara durante 27 años una pensión hasta los 90 años a los que ya se acerca la esperanza de vida. Sí, da pena ver cómo los pensionistas, convenientemente alentados por algunas fuerzas políticas, salen a la calle exigiendo una mejora de su situación, pero lo que de verdad da pena es imaginar las pensiones que cobrarán los que todavía no se han jubilado.

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