Pedro y Pablo, amigos o rivales

Iglesias avanza por la carretera con las luces largas. Sabe que la carrera entre los dos es de fondo

CURRI VALENZUELA

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se reunieron de nuevo ayer, ahora dicen que para explorar la posibilidad de reformar la Constitución. Es una temeridad por parte del líder del Partido Socialista, que tendría que estarse quietecito en vísperas de que los nacionalistas catalanes convoquen un referéndum para separarse de España, y un paso más del máximo dirigente de Podemos para consolidarse como el líder de la oposición al Gobierno del PP.

Está claro que esa es la estrategia de Iglesias. Y le está saliendo bien. Es el el que marca la agenda y el que se aprovecha de la debilidad de los socialistas para acercarse unos pasos más cada día que pasa al poder. Lo acaba de demostrar en Castilla-La Mancha, donde Emiliano García-Page, uno de los que echó a Sánchez porque quiso gobernar con Podemos, acaba de meter a estos en su Gobierno. Los de Iglesias no son como Ciudadanos, que se quejan del PP pero cuando estos les necesitan se portan como socios leales. A Page le han apretado las tuercas hasta que no ha tenido más remedio que compartir con ellos el poder de su comunidad.

Pablo Iglesias quiere ser presidente del Gobierno y por el camino que llevamos Pedro Sánchez le va a ayudar a conseguirlo. El socialista ya tuvo su oportunidad en febrero del año pasado. Iglesias le dejo plantado como el sinvergüenza que se fuga dejando a su novia en el altar y, pese a ello, Sánchez hace como que no se acuerda. Él también quiere trabajar en La Moncloa y mantiene la esperanza de que si consigue cinco votos más que el partido a su izquierda en las próximas elecciones generales este tendrá que apoyarle. Ingenuo. Como vuelva a perder malamente ante el PP por tercera vez los suyos le van a echar, está vez de verdad. Si los barones que ya le cesaron en octubre están callados -y ganando congresos, como Ximo Puig- es porque están esperando que se despeñe.

La actual legislatura va para largo. Si consigue, como parece que lo conseguirá, que el PNV le apoye los presupuestos del año que año que viene, Rajoy tiene asegurado el poder hasta 2020. Ni él ni Rivera quieren hablar de reformar la Constitución mientras persista la amenaza del separatismo catalán, así que Pedro y Pablo pueden reunirse todo lo que quieran. Lo único que consiguió Sánchez la semana pasada, cuando viajo a Cataluña para hablar detallar como quiere reformar la Carta Magna, fue el ridiculo. Ignoraba que ese mismo día Puigdemont iba a ejecutar la purga de sus consejeros tibios con el referéndum.

Mientras que el líder socialista se comporta como el conductor apresurado que adelanta por derecha, izquierda y línea continua si hace falta para llegar a su meta cuanto antes, Pablo Iglesias avanza por la carretera con las luces largas puestas. Sabe que la carrera entre los dos es de fondo. Está dispuesto a aguantar, escucharle, hacerse fotos con su adversario. No tiene prisa. Puede esperar todo el tiempo que sea necesario para alcanzar el poder.

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