Los pecados de la Reina

Los pecados de la Reina

Desde que en septiembre del año pasado el Ayuntamiento de Valencia decidió convocar concurso para la reordenación de la plaza de la Reina, todo ha sido una sucesión de despropósitos en el marco de un proceso de selección nada transparente.

En proyectos de arquitectura y ciudad, muchos arquitectos seguimos preguntándonos por qué participar en convocatorias donde ni prima la libertad para presentarse al existir demasiados requisitos excluyentes, ni impera de manera destacada el valor y la calidad arquitectónica sobre el resto de criterios.

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Coincidimos con otros arquitectos en decir que el concurso de la plaza de la Reina está viciado de origen. En un concurso interesante y emblemático donde se deberían haber presentado numerosos arquitectos de toda España, tan solo hemos sido seis los concursantes, aniquilando así con seguridad, torpemente, brillantes y frescas aportaciones.

Y la causa es precisamente el irregular formato del concurso, no solo por restringente, sino por excluyente porque las irreverentes bases obligan a tomar como modelo un diseño existente de un concurso de ideas de hace 18 años, que fue ganado por un equipo bajo el lema 'TITOLIVIO'.

Si el consistorio antes del concurso ya sabe qué plaza quiere, pues tiene ya el modelo favorito, encárguese el proyecto directamente a los autores de la idea. Nos habríamos ahorrado tinta, trabajo, disgustos, el «paripé» concursal, y sobre todo el riesgo de dejar fuera a los autores predilectos como así ha sucedido «contra todo pronóstico».

Pero aparte del original, hablemos de más vicios y pecados.

1-. Incomprensiblemente se designó al servicio de Mobilitat Sostenible para encargarse de un concurso arquitectónico urbano. No al servicio de Proyectos Urbanos, no: al de Mobilitat, que viene demostrando que su objetivo prioritario e idea de ciudad es transformarla en el paraíso terrenal de los ciclistas. Y eso sí es pecado, y poco compromiso con la arquitectura y la urbe.

2.- En la puntuación global del concurso, los abajo firmantes quedamos en primer lugar, ofertando un plazo de redacción del proyecto de cuatro meses, que -por dos días- se calificó como «baja desproporcionada». Nuestra razonada justificación no fue aceptada. Fuimos descalificados, y todavía nos preguntamos qué sabrá Mobilitat de los plazos realistas para redactar y entregar un proyecto arquitectónico.

Y decimos ahora que no debía ser muy importante el plazo, cuando el propio Ayuntamiento lleva 8 meses con el concurso, y todavía no ha sido capaz de adjudicar.

3.- De manera irregular -y sorprendente-, la exclusión de algún concursante por incumplimiento de los requisitos administrativos (situación en concurso de acreedores, deudas a AEAT y Seguridad Social, insolvencia técnica...), no se realizó al empezar, «en el primer sobre».

Esto puede parecer un pecado venial, pero es una irregularidad fatal y de trascendencia colosal, ya que de haberse eliminado a su tiempo a los concursantes inhábiles para contratar, nuestra baja en plazo no habría sido desproporcionada y habríamos ganado el concurso. Por eso afirmamos que somos de pleno derecho los ganadores del concurso, y los adjudicatarios legítimos del proyecto.

4.- También extraña que se pusiera en marcha un proceso de participación ciudadana paralelamente al concurso de proyectos, de manera que los arquitectos concursantes carecieron de tan importantes datos para incorporar a sus propuestas.

5.- A día de hoy no se ha hecho público el contenido ni la calidad arquitectónica de las propuestas presentadas al concurso, ni de la nuestra, ni de la del antiguo 'TITOLIVIO', ni la de los terceros clasificados que ahora aparecen como ganadores. ¿Por qué? Sería tan sencillo como exponer lo presentado -dibujos y sus memorias-, y al lado las valoraciones técnicas del tribunal. O sea, transparencia versus ocultación.

Pecados aparte, la realidad es que de los 6 presentados al concurso se han eliminado a 5, quedando ganador un superviviente. Y además, todos -menos el superviviente- estamos descontentos, incluido el Ayuntamiento, que ahora se ve abocado a adjudicar el proyecto a quien valoró el tercero en méritos arquitectónicos.

Pero no desviemos la atención: la ciudad ha cambiado en 18 años y se deben incorporar parámetros para recuperar la calle como espacio donde se vive, y así hacer más vivible la ciudad. Algunos formalismos están obsoletos, como lo está también el ruinoso parking subterráneo, con imposible adaptación a la normativa vigente. La plaza debe ser nueva, y el parking también. Y el concurso también.

Inquieta saber que los autores de 'TITOLIVIO' irán a los tribunales si alguien hace un proyecto parecido al suyo. Entonces todos nos preguntamos ¿Quién -salvo ellos- debía ganar el concurso para no tener que acabar en sede judicial? ¿Y qué plaza hay que proyectar? Pues una, que aún inspirada en aquella porque lo mandan las bases, no tiene que parecerse; o no mucho, no vaya ser que nos veamos ante su señoría; o sea, un lío...

Demasiados son los pecados de la Reina, de consecuencias todavía desconocidas. Partiendo de un planteamiento con más sombras que luces y más opacidad que transparencia, el proyecto prioritario de la plaza está en el aire, y el interés general arrinconado.

Antes de que intervenga el Defensor del Pueblo, antes de que nos peleemos todos en los tribunales, y llegue la paralización, lo más justo y sensato es compensar a los concursantes, dejar sin efecto el resultado, y comenzar de nuevo.

Proponemos un nuevo concurso libre y abierto; que parta del «papel en blanco», con bases exentas de corsés e ideas favoritas. En definitiva un concurso limpio, donde prevalezca la calidad del diseño arquitectónico y prime destacadamente su evaluación sobre otros criterios burocráticos.

El concurso de ideas de 1999 contó con la presencia en el Jurado de Moneo, único español Premio PritzKer-Nobel de Arquitectura, quien con 80 espléndidos años, y todavía en plenitud de sus facultades profesionales, a buen seguro se replantearía hoy su dictamen, porque la ciudad está viva, es cambiante y ya es otra.

Ahora los arquitectos españoles RCR, Premio PritzKer 2017, podrían aportar frescura y capacidad crítica y prestigiarían con su opinión la elección de la mejor propuesta para la plaza.

Valencia merece lo mejor, y para ello es preciso tener la Reina exenta de vicios y pecados.

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