EL PATRIOTISMO GEOGRÁFICO

MANUEL ALCÁNTARA

La protesta de los jubilados sólo sirve para que se queden roncos. Sus gritos se han oído en 40 ciudades españolas, pero no es lo mismo oír que escuchar. Lo que plantean es cómo debe de hacerse el reparto de beneficios, que es una tarea muy difícil siempre, especialmente cuando no hay beneficios. Las medidas son positivas, pero el saldo sigue siendo negativo y las cuentas sólo le salen bien a quienes las hacen. El poder adquisitivo de los jubilados ha caído menos que el de otros sectores, pero en numerosas familias era el único dinero que entraba en casa y como entraba salía. El dinero es un vagabundo que cuando llega a casa es siempre bien acogido, pero encuentra abierta de par en par la puerta de salida. Nuestra inflación es modesta, pero la brecha es soberbia. Entre otras cosas, ha resucitado el problema de la sostenibilidad porque la balanza está desequilibrada, además de oxidada. La célebre reforma del Pacto de Toledo es ya sólo un recuerdo, pero hay que mantener el equilibrio, aunque sea tensando la cuerda floja.

Es consolador que el modelo autonómico actual sea el preferido en Cataluña desde que empezó el 'procés'. Los independentistas, incluso a los separatistas, se han desplomado algo, pero siguen siendo pesadísimos. Según datos del CIS catalán, aumentan los partidarios del régimen autonómico y decrecen, aunque poco, los que apoyan la independencia o cualquier alternativa federal. Mientras la UE. lo que exige, son más recursos económicos. Cree que «con dinero nada hay que falle» y los países ricos piden más para compensar el 'brexit'. La Cámara catalana lo que quiere es investir simbólicamente a Carles Puigdemont como presidente, pero para hacerlo deberá quitarse la sábana y dar la cara. Su patria depende de la geografía.

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