PATRIMONIO

Aprovechando el centenario, el Valencia ha de acelerar el proceso de creación de un museo y un archivo propios

JOSÉ RICARDO MARCH

Hasta 1972 el Valencia tuvo la inmensa suerte de contar en sus filas con el excepcional Vicente Peris Lozar. Más allá de sus excelentes aptitudes para la organización y las relaciones públicas, que tanto bien hicieron al club para alcanzar éxitos y notoriedad en las escenas española e internacional, siempre he pensado el principal mérito de Peris fue mantener viva la llama del Valencia clásico. Una de sus acciones más destacadas en este sentido fue la de administrar cuidadosamente el patrimonio material de la entidad con el objetivo de preservarlo para la posteridad.

Poco antes de su repentina muerte, Peris encargó al arquitecto Salvador Pascual, directivo del club, la construcción de un pabellón social anexo a Mestalla. Con ello pretendía, entre otras cuestiones, levantar un espacio que permitiera acomodar con garantías el ingente fondo histórico de la entidad, que desde hacía años desbordaba el bajo de la avenida de José Antonio (actualmente, Regne de València) que servía como sede del Valencia. Así fue, aunque la repentina muerte de Peris le impidió ver el resultado. Archivos aparte, el club distribuyó sus trofeos, banderines, cuadros y objetos de valor en dos estancias. Los más preciados se pasaron a custodiar en la sala de juntas. Los demás, casi mil copas de diverso tamaño y factura que permitían rememorar cincuenta años de vida del club, se depositaron en las vitrinas de la amplísima sala de trofeos, presididos por la venerada bandera de 1924.

El temprano fallecimiento del gran gerente privó al club de la persona idónea para seguir cuidando un conjunto de objetos históricos que crecía conforme pasaban los años. Con todo, durante más de dos décadas no pareció existir peligro evidente de dispersión del patrimonio del club, que descansaba en el edificio soñado por Peris, custodiado por los empleados de oficinas del Valencia. En ese interín la entidad pudo haber aprovechado para crear, tal y como hizo el Barça, un archivo y museo que catalogara los fondos existentes y asegurara su posesión para siempre. No fue así, a pesar de algunos intentos loables como el efímero Centre d'Estudis Esportius, auspiciado por el club a finales de los setenta y enfocado esencialmente a la actividad de las secciones deportivas.

La destrucción del pabellón social durante la presidencia de Paco Roig para levantar la grada de la mar fue el comienzo del desastre. Los archivos y trofeos del Valencia recorrieron diversas dependencias hasta acabar amontonados en un almacén con goteras del estadio de Mestalla. La dejadez en la custodia del patrimonio histórico se extendió a muchos de los recuerdos y obsequios recibidos por el Valencia desde entonces. Era cuestión de tiempo que algunos de ellos empezaran a desaparecer. El caso de la bandera del 24, hallada hace unos meses tras veinte años "perdida", ejemplifica el oscuro destino que tuvieron muchos objetos históricos que hoy en día se hallan en paradero desconocido. Como Paco Lloret ha comentado en alguna ocasión, no resulta descabellado pensar que algunos personajes muy presentes en el día a día del Valencia aprovecharan durante todo ese tiempo para hacer negocio a partir de la sustracción y venta de patrimonio propiedad del club.

Desde hace tiempo no es difícil encontrar en portales y tiendas de coleccionista objetos que en su momento pertenecieron al Valencia, especialmente banderines. Otros, sin embargo, parecen haber desaparecido de la faz de la tierra. Hace años la Fundación del Valencia inició una tarea que se ha revelado especialmente eficiente en lo referente a la localización, catalogación y restauración de los fondos perdidos o extraviados. Creo que, aprovechando la cercanía del centenario, estamos ante el momento perfecto para cambiar las cosas de una vez por todas. Para, a partir de la labor de la Fundación, iniciar el proceso de creación de un museo y archivo del Valencia Club de Fútbol mediante la instalación de determinadas piezas (la bandera, la colección pictórica del club y algunos trofeos) en un espacio que ofrezca garantías hasta la construcción de un centro expositivo permanente. Sería interesante, además, que las instituciones se preocupasen por el asunto y prestaran su ayuda, habida cuenta de la representatividad e importancia histórica del Valencia en el contexto de su ciudad y comunidad. Puede haber quien piense que la preocupación por este asunto es cosa de cuatro chalados. A mí me horroriza pensar, como seguidor del Valencia, que una parte sustancial de nuestra historia pueda, sometida a los vaivenes de la entidad, volver a correr peligro de dispersarse o, simplemente, de desaparecer.

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