CON PATATAS

TIENDA DE CAMPAÑA

Antes se hablaba de «tragarse un sapo»; ahora, y no es justo, lo desagradable se asocia con comer los tubérculos

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

Se ha puesto de moda: te obligan a hacer o a dejar de hacer algo y te informan que la decisión te la has de «comer con patatas». No estoy de acuerdo con asociar los tubérculos y lo desagradable; pero en el debate de censura, Rajoy e Iglesias se liaron con las dichosas patatas e hicieron escuela. Luego fue el nuevo presidente de la Federación de Fútbol el que dijo que se tenía que comer, «con papas», el generoso plan de estancias en Rusia que la presidencia saliente se había preparado para el Mundial... y ha tenido éxito: el chollo se ha rebajado y el contribuyente se va a ahorrar millón y medio... de patatas.

Antes era «comerse un marrón», o «tragarse un sapo». Ahora se trata de acompañar «con patatas» una moción de censura inesperada después de 37 años de la brega más difícil, la de la derecha española. Entre muchos electores hay desolación, un abatimiento que apenas compensa el anunciado regreso de Borrell como ministro de Asuntos Catalanes. La metáfora de un Churchill, también con puro y copa, capaz de ganar la Guerra Mundial y perder frente al laborismo, se ha usado poco; pero viene como anillo al dedo. Es de una crudeza desconsoladora, injusta por inesperada; pero solo la política -y la empresa, que siempre olvidamos a la Gran Maestra- es capaz de mostrarse así de cruel. Tu dejas España con la economía recobrada, creas un millón setecientos mil empleos, y como recompensa te pegan un guantazo, te mandan a la jubilación y te dicen que todo lo que digas en adelante va a ser pura crispación.

De todos modos, aprovechemos el momento: mientras se pone en marcha la caravana que ha de cruzar el desierto, da gusto volver atrás, al disfrute de dos o tres días de quinielas de Gobierno, un placer antiguo. Eso ocurre solo con los presidentes que quieren dar imagen de abiertos y confiados; a los presidentes duros y cascarrabias, como Aznar, eso no les pasaba: tenían una hermética libreta con tapas azules.

El juego de comer patatas se ha instalado ahora en el Senado, campo de maniobras de mociones y emociones con los presupuestos. José Luis Ábalos va a ser ministro de Fomento. Y ya recibe -con patatas- las demandas del Corredor, de la V-21, de las cercanías y las infraestructuras paradas. Los desconsolados vuelven a oír lo de «Ministros valencianos» y se encienden las viejas lamparillas: Carmen Montón se une a la lista de agraciados con cartera. Disfrutemos de los gestos, las decisiones, las corbatas... Viene un socialismo verde, amable y risueño, peronista, con guiños a los niños desvalidos y toques oenegé. Quizá seguirán diciendo todo lo contrario de lo que dijeron, pero nos gustará oírlo... Se va a llevar mucho otra vez el medio ambiente, las pobres ballenas que tragan plástico y los molinitos de viento.

Valencia seguirá buscándose alicientes nuevos; ahora toca la 'web summit', que es como aquella 'campus party' de los viejos (olvidados) tiempos. Con patatas.

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