Pastos para las ovejas

VICENTE LLADRÓ

La ganadería extensiva es propia de zonas del interior, donde hay espacios amplios, cultivos también extensivos y poca presión humana y de agricultura intensiva. No es fácil ver rebaños de ovejas pastando por sitios más hacia el litoral, aunque sí abundaron en áreas intermedias de la Comunitat Valenciana, donde se entremezclan secanos y regadíos. Todavía los hay, pero cada vez menos. Y es una lástima, porque ejercen una labor esencial.

En nuestra geografía no hay pastizales al estilo de las praderas de otras regiones más al norte y hacia el interior de España, pero eso no significa que el ganado no disponga de alimento durante gran parte del año. De hecho ha sido clásica la trashumancia ovina entre tierras de Teruel y Cuenca y las de Valencia y Castellón. Cuando el invierno aprieta allá arriba mengua el pasto, y si nieva, los animales se quedan sin casi nada. Antes de que estallara la crudeza invernal, los pastores bajaban en busca de lugares con climas menos duros y relativa abundancia de 'comida'. Todavía baja alguno, pero cada vez menos, y de igual manera han ido desapareciendo los rebaños locales. El resultado es que se va viendo por todas partes cómo proliferan las malezas que antes se comían las ovejas y que luego, cuando llega el calor, suponen un gran peligro para la propagación de incendios. Con la abundancia actual de campos abandonados se ha multiplicado exponencialmente el problema. De manera que algunos agricultores que se sentían molestos porque alguna oveja triscaba lo que no tocaba, ahora comprenden que aquello era un mal ínfimo comparado con el bien que aportaban los rebaños al hacer desaparecer el material combustible. Encima los ayuntamientos les cobran tasas por el 'aprovechamiento' de pastos. Si tendría que ser al revés: habría que pagarles para que vinieran más.

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