PASIÓN POR 'OT'

PASIÓN POR 'OT'
MIKEL LABASTIDA

No soy un seguidor acérrimo de 'Operación Triunfo'. Me ha pillado con el oído cambiado y me cuesta entusiasmarme con casi todo. Tampoco soy un 'hater'. Sé quién es Amaia y alucino con lo bien que canta. Sé quién es Cepeda y alucino con la caña que le han dado por todos los lados. Sé quién es Mónica Naranjo y no alucino con nada. El caso es que he seguido con cierta distancia el éxito del formato musical y me alegra que haya encontrado una manera de conectar con nuevos públicos. Que falta le hacía a una tele (la que ofrecen las cadenas generalistas) a la que le cuesta amoldarse a los nuevos tiempos.

Ahora bien, los logros del programa de TVE no deben confundirnos. Conviene no exagerar. Como en casi todo. Leía el otro día (en el blog de Nando López en Culturamas) una reflexión sobre esta edición a propósito de la exagerada afirmación de que los profesores de instituto deberían aprender de los docentes de la Academia de 'OT'. El autor, que de aulas y adolescentes sabe un poco, recordaba que la realidad en los centros de enseñanza dista bastante de lo que vemos en el espacio televisivo y que los profesores de ese formato no han de enfrentarse a las circunstancias adversas con las que pelean día a día los profesionales reales de la educación. «Convertir 'OT', por mucho que nos guste, en paradigma de la educación es el equivalente a proponer Mr. Wonderful como paradigma de la filosofía contemporánea», afirma. No se puede explicar mejor. No hay que mezclar churras con merinas.

Y hablando de mezclas extrañas. ¿Alguien puede explicar qué pintaban los nuevos 'triunfitos' en la gala de los premios Forqué? La ceremonia de estos galardones, que ofreció TVE el fin de semana, fue encadenando despropósitos. Empezando por Boris Izaguirre como maestro de ceremonias -más preocupado por cuestiones que excedían de lo cinematográfico- y terminando con la actuación de los 'triunfitos' y la posterior entrevista en la que Boris iba preguntando a cada uno de ellos su definición de glamur. Y aquellos salieron del brete lo mejor que pudieron, que no fue mucho. Es lo que pasa cuando no se calibran suficientemente bien los fenómenos.

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