PASEAR LA CIUDAD

PASEAR LA CIUDAD

El Museo Reina Sofía dedica una muestra a Pessoa, un poeta que a menudo andaba despacio por Lisboa por que no sabía adónde quería ir

RAFA MARÍ

Pre-textos. 'Pessoa. Todo arte es una forma de literatura'. El Museo Reina Sofía ha inaugurado este mes una exposición en torno a Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935) y su época. También podría decirse que toda literatura es una forma de arte. Lo es si la intensidad de las ideas y belleza del lenguaje adquieren rango de aventura estética. La editorial valenciana Pre-Textos publicará en los próximos meses 'Yo soy una antología', obra que traza un documentado recorrido por los más de cien heterónimos del autor portugués. Será uno de los grandes libros del año.

Confesionario. Para entrar en situación, me sumerjo en las páginas de 'Un corazón de nadie (1913-1935)', antología poética de Pessoa en edición bilingüe de Ángel Campos Pámpano y publicada por Galaxia Gutenberg. No soy un buen lector de poesía, pero Pessoa me emociona siempre. Escribía como si se confesara de modo despojado ante sus futuros lectores.

'A la manera de Oporto'. Pessoa era también directo y cotidiano. Dice en 'Callos a la manera de Oporto': "Un día, en un restaurante, fuera del espacio y del tiempo, / me sirvieron unos callos fríos./ Le dije con delicadeza al misionero de la cocina/ que los prefería calientes, / que los callos (y eran a la manera de Oporto)/ nunca se comen fríos./ Se impacientaron conmigo. / Nunca se puede tener razón, ni en un restaurante". Un poema con expresiones misteriosas («restaurante fuera del espacio y del tiempo», «misionero de la cocina») y un aforismo sabio («Nunca se puede tener razón»). Tener razón, sobre todo frente a los energúmenos, suele pagarse caro.

Zapatos. Pessoa revela, en ese mismo poema de los callos 'a la manera de Oporto', que a menudo caminaba muy despacio por las calles de Lisboa "porque no sé adónde quiero ir». Andar algo a la deriva y mal calzado puede llegar a ser, según las circunstancias, un buen plan. Hace de esto bastantes años tenía que jugar yo una decisiva partida de ajedrez. Si ganaba me proclamaba campeón de Valencia. Se me ocurrió una idea rebuscada pero que se reveló eficaz: de buena mañana me puse unos zapatos de la talla 41 cuando la mía es el 43. Anduve mucho aquel día. Paseé bien la ciudad durante horas.

Felicidad. La partida empezaba a las nueve de la noche. Minutos antes cambié los zapatos del 41 por unos del 43 que guardaba en mi coche. Entré al local de juego en estado de gracia. La felicidad comienza por los pies y finaliza su recorrido en el cerebro. Jugué bien, gané y logré mi quinto título de campeón de Valencia.

Gambito Benimaclet. Hace dos sábados, después de mucho tiempo sin jugar, me tocó defender los colores del Gambito Benimaclet. Pensé: «Voy a perder, estoy desentrenado, ahora los jóvenes se las saben todas gracias a internet y los ordenadores». Estuve tentado de reeditar aquella retorcida estratagema de años atrás: calzar durante todo el día zapatos dolientes y cambiarlos a última hora por unos cómodos. Pero renuncié. A estas alturas, una victoria ajedrecística no es suficiente compensación si para lograrla tengo que sufrir antes unas horas espantosas.

Enseñanzas. Por cierto, daba gozo ver el Polideportivo de Benimaclet con centenares de ajedrecistas y aficionados. Niños, adultos, chicos y chicas. Los deportes mayoritarios, la tele y las instituciones deberían apoyar más al ajedrez, un juego intenso que proporciona enseñanzas importantes para eso que llamamos 'la vida'. Me refiero a medir el tiempo y los riesgos, analizar bien cada momento, resistir disciplinadamente en posiciones inferiores, buscar la lógica secreta de las cosas...

Pajuelo. El pasado lunes quedé a media tarde en la Avenida del Oeste con Carlos Pajuelo de Arcos, admirado y muy leído columnista de LAS PROVINCIAS. Llevábamos zapatos adecuados y sabíamos adónde queríamos ir: a la Plaza del Horno de San Nicolás. Carlos presentaba en el Colegio Mayor Rector Peset 'La chispa III. Diario de columnas', libro que reúne artículos suyos publicados en 2016-2017.

Brillante. La sala del Rector Peset se llenó. Asistieron muchos periodistas. Carlos estuvo brillante. Y divertido en el coloquio. Pasear la ciudad le había dado 'chispa' para las réplicas ingeniosas.

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