PAGANOS EN MESTALLA

HÉCTOR ESTEBAN

Ir al fútbol es caro. No me refiero al capricho de pasar un día por taquillas para ver un partido puntual. Es caro para el abonado, para el aficionado leal que cada año ahorra muchos euros para renovar un pase de temporada. La maldita crisis se ha llevado por delante lealtades y ha instalado a los amores a la distancia de una barra de bar y de una pantalla de plasma. Muchos abonados del Valencia Club de Fútbol se han quedado por el camino. Las despedidas han costado insomnio, lloros y broncas pero hay veces que no hay mayor prioridad que un plato de caliente para los hijos. Otros han sobrevivido, rascando el euro para ahorrar cada 30 de junio el dinero suficiente para volver al templo. Los afortunados en sus localidades de siempre, aquellas que en muchos casos heredaron de sus padres y abuelos. Otros, en lugares nuevos para estirar el chicle lo máximo posible. Le llaman militancia. Ni siquiera el engendro que parió Peter Lim durante las dos temporadas anteriores fue el argumento para saltar del barco. Esta temporada se han tocado las teclas adecuadas pero nada hubiera sido posible sin el aliento de Mestalla. El club tenía la oportunidad de recompensar la fidelidad, de reconciliarse tras tiernas heridas, del don de la generosidad. De agradecer al aficionado su presencia en la sobremesa de Reyes. De alentar al equipo los días en los que el Valencia se asomó a los puestos de descenso. De mostrar que en Mestalla las cosas se hacen de manera diferente y que por una vez el capitalismo no pesa más que el sentimiento. Pero el Valencia ha sido torpe y ahora anuncia propósito de enmienda y rectificación. Se ha vuelto a equivocar con su gente, otra vez ha traicionado las lealtades del socio y del abonado, de aquel que cada temporada hace un esfuerzo para renovar el pase de temporada. Y bajo el dintel de la puerta de entrada a la final de la Copa del Rey, quería hacer a los suyos pasar por caja con precios desorbitados, abusivos y alejados de lo que se debería considerar una recompensa por la fidelidad. El viernes se anunció que habría que pagar entre 70 y 35 euros para ver al Barcelona en Mestalla en semifinales de la Copa del Rey, un 10% más o menos de lo que cuesta en abono de toda la campaña. Estocada hasta la bola en el bolsillo del pagano. En Singapur queda mucho que aprender, pero lo que se me escapa es si en estas decisiones pesa más Anil Murthy o Mateo Alemany. En teoría el director general algo tiene que pintar más allá de zurcir una plantilla. No todo lo que llegue desde Singapur debe ir a misa. La grada alborotada hizo patente su protesta. Primero por redes y ayer en vivo. El club anunció la rectificación de la metedura de pata. Fantástico a la espera de conocer la enmienda. Mestalla siempre responderá para convertir en papel mojado los comunicados sobre falsos aficionados.

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