PACO LUNA

PACO LUNA
Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Atrapados por el complejo de actores de segunda en la corrala nacional, aquí en Valencia ninguneamos la galería de personajes que navegan entre la gloria y la chapuza en los terrenos propios de aquella golfemia magistralmente retratada por Cansinos Assens en su trilogía 'La novela de un literato'. Hasta que fallecen, y entonces les recordamos, a ellos y a su eterno pulular atravesando el lado subterráneo de nuestra urbe.

Paco Luna falleció anteayer por culpa de un ictus. Por eso, de repente, entre la consternación de los que le conocíamos, entre los melancólicos murmullos de las charlas telefónicas anunciando la mala nueva bajo el tam-tam de las redes sociales, recuperábamos partes de su vida y de sus milagros, extractos de su divertida existencia plagada de bohemia y farándula. Paco Luna, vozarrón bronco y natural que le trasladaba hacia el lado de los superdotados, andaba en los últimos tiempos cantando con 'Los Tarantinos'. Poseía, también, un ojo único para la fotografía. Pero acaso su mejor obra, su obra más redonda, era su irrepetible personalidad y ese afán suyo por funcionar sin reglas. Se autoeditó un libro, lo vendió bastante bien y con el beneficio se largó a Cuba para gozar de las playas, la gente y los brebajes refrescantes. Regresó cuando se fundió el dinero, es decir, cuando sólo le quedaba el billete de avión para retornar y un par de euros tintineaban en su bolsillo. Sus planes fantásticos le alimentaban. Iba a alquilar ahora su vivienda para largarse por Europa a bordo de una caravana. Con el dinero del alquiler sobreviviría a salto de mata, lo que en verdad le gustaba, hasta que se hartase. Este modo de vida libérrimo, exento de horarios y obligaciones, nos fascinaba. Merece, pues, que no le olvidemos porque a todos nos gustaría cazar un poco de esa genuina libertad.

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