Paco Camarasa

CÉSAR GAVELA

Llegué a Valencia en 1976. Mi primer interés fueron sus librerías: conocerlas, hojear libros, descubrir tesoros y extrañezas; encontrar cómplices. Tantos años después esos locales comerciales continúan siendo mis preferidos. Muy cerca de donde yo trabajaba, en la calle de la Virgen de Gracia, abrió por entonces una librería diferente. Un lugar atractivo, innovador y progresista, del que muy pronto me hice cliente. La librería se llamaba Pablo Neruda y la regentaba un muchacho flaco, rápido, inteligente y apasionado. Me dijo que se llamaba Paco Camarasa y, como suele decirse, corría la tinta por sus venas. Pronto conoció mis gustos, y me informaba muy puntualmente de las novedades que me podían interesar. Es decir, era un gran librero. Una persona que amaba su profesión, y que, a la vez, era muy solvente en sus valoraciones. Luego él pronto pasaba a otra cosa, a otro cliente, o a sus asuntos contables, o a leer, o a todo. Paco Camarasa era una especie de hombre-libro, y yo recuerdo ahora, casi con emoción, el día que me dijo que había recibido una novedad extraordinaria, inexplicablemente editada en formato de bolsillo. Se trataba, nada menos, que del último volumen de cuentos de Borges en aquel momento, 'El libro de arena'. Entonces Borges aún vivía en su casa de la calle Maipú de Buenos Aires, y me resultó casi mágico encontrar una novedad escrita por él. Porque parecía que el gran escritor argentino ya había dado por terminada su obra. Así pues, tuve la sensación de que Paco Camarasa me traía al propio Borges con aquel libro. Un ejemplar que, naturalmente, conservo.

Un buen día cambié de lugar de trabajo y a partir de ahí empecé a ver menos a Paco, al que notaba yo cada vez más preocupado, menos contento con el devenir de su negocio. Tiempo después se fue de Valencia y nunca más le volví a ver. Hasta que supe, hace unos dos años, que había cerrado, en Barcelona, donde se había establecido, su famosa librería 'Negra y criminal'.

Paco Camarasa, valenciano nacido para los libros, murió este lunes a los 68 años. Él fue, como todo hombre, y más, como todo hombre que amó la literatura, un ser irrepetible. Que buscó en Barcelona unas posibilidades profesionales que no podía darle su ciudad natal. Son muchos los valencianos de la cultura que han tenido que irse fuera para vivir su vocación. Y nada más natural y legítimo que hacerlo. Valencia, pese a su activa vida cultural, aún está lejos de convertirse en la ciudad que, por tamaño y población, debería de ser. No se trata tanto de competir con Madrid y Barcelona, pero sí de imaginarnos y lograr una Valencia más creativa, intensa, plural y cosmopolita. Con todo, en los últimos años las cosas van cambiando, y para bien. Ojalá personas tan valiosas como Paco Camarasa puedan, si así lo desean, realizarse en esta ciudad. En el inagotable territorio de la cultura.

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