LA LUZ DE PACO

JOSÉ MARTÍ

El Levante estaba a oscuras enfangado en la Liga, y Paco López encendió la luz. Existe un tipo de iluminación que no se inventa de una vez y para siempre, sino que cada cierto tiempo hay que redescubrir. Es la luz del mensaje distinto en el vestuario, del fútbol directo, de la vuelta a las nociones básicas, de la portería a cero, del estimular y dar confianza, y también de la fortuna, ¿por qué no?. Pero toda luz puede volver a apagarse poco a poco. Lo que era cegador al principio luego se torna rutina hasta que termina de consumirse y acabas atrapado de nuevo en la misma oscuridad. Ocurre como cuando los horteras explican una separación sentimental: «Se le apagó la llama del amor», dicen. Enternecedor. Como si esa extinción «de la llama» eximiera de cualquier responsabilidad. ¿Acaso no saben de la existencia de cerillas o mecheros? Este parón liguero por la selección, separaciones aparte, le viene mal al deslumbrante Levante de López. El poder secreto de la luz, como en el relato de Mansukh Patel, se puede acabar. No hay que relajarse. En estos quince días se corre el riesgo de pensar que el objetivo se ha logrado, con seis puntos de diferencia respecto al descenso restando nueve jornadas por disputarse. Nada más lejos de la realidad. El Levante no está salvado. Ni mucho menos. Solo ha dado un primer paso. Todos hemos visto como se han conseguido los puntos, sufriendo mucho y sin demostrar superioridad sobre el rival. Aunque con Paco López el futuro inmediato se vislumbra de otro modo, no se puede caer en el conformismo de creer que ya está todo casi hecho. Dejarse llevar. «No pasa nada si perdemos contra el Girona porque hay colchón suficiente y enfrentamientos directos más adelante», se puede llegar a pensar equivocadamente. O «los de detrás siguen perdiendo». No. No hay que postergar nada sino continuar con el cuchillo entre los dientes, 'culo prieto' que dicen por Murcia, para lograr los siguientes tres puntos de Montilivi hasta alcanzar los 38 cuanto antes. Los aplazamientos, como lo del apagarse la luz, representan una constante de todas las vidas. Dejarlo para más adelante porque pensamos que hay tiempo. Es algo humano retrasar las cosas. Como cuando queremos vernos con alguien, hacer algo, quedar a cenar o llamar a alguien por teléfono, y nunca terminamos de concretar. «Sí, sí, tenemos que quedar» pero luego nunca quedamos. Aquí no caben aplazamientos para alcanzar la salvación. Como apuntaba Faulkner: «Sueña siempre y apunta más alto de lo que sabes que puedes hacer». Sin miedo. El Levante tiene que aprovechar el aspecto emocional para seguir sumando sin descanso. Apuntar alto. La irradiación del efecto López, la cegadora luz de Paco, debería prolongarse cuanto más tiempo mejor. Antes de que mengüe. Maldito parón. O no.

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