PACIENCIA CON FERRAN

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

Fran Villalba se presentó en sociedad con el primer equipo del Valencia en julio de 2015 ante el Wiener SK. Nuno Espirito Santo, totalmente liberado y con galones gracias a los movimientos subterráneos de su amigo Mendes, se llevó al niño de pretemporada con 17 años recién cumplidos. Un premio sin el proceso de maduración adecuado para cubrir todas las etapas que necesita un futbolista. El canterano Villalba, en aquel estadio añejo con tablones de madera en la tribuna, el canterano maravilló durante los pocos minutos que jugó. «¿Quién es el 30? Ese chico es muy bueno», me preguntó un emigrante peruano que se acercó a ver el partido. En el Sportklub Stadium, la familia de Villalba asistió con discreción al debut del hijo con el primer equipo. La carrera prometía ser metórica. Días después, en el Red Bull Arena de Salzburgo, hubo una imagen que presagió el desenlace. En la grada, la entonces presidenta, Layhoon Chan, esperaba el inicio del partido de la Audi Cup de su equipo contra el Southampton de Koeman. Sentados junto a Layhoon, la familia de Villalba, que en ese caso optó por la visibilidad en lugar de un segundo plano. Al llegar esa misma noche a la terminal de Manises, familiares y amigos esperaban al postadolescente como si de un balón de oro se tratara. La vida empezó a ir demasiado deprisa. Villalba, meses después, fue manoseado por Gary Neville como escudo ante la grada. Como un argumento para tapar las carencias. El niño jugó en un tablero de hombres y la realidad lo sepultó. Hoy, otros como Carlos Soler, con una maduración mucho más pausada y sensata, son fundamentales en el primer equipo. Villalba hizo un viaje de vuelta, durísimo y desprotegido. Un bofetón de realidad del que si ha aprendido emergerá mucho más fuerte. Su calidad es sobresaliente y ahora sólo le falta ajustar su cuerpo y su mente para competir en la elite. Por eso el proceso ha comenzado desde un papel secundario en el filial que se debe tomar como su gran oportunidad. Al niño no le dejaron madurar y transita por un camino que nunca se debió saltar. El caos de Rafa Mir es similar. Utilizado por Nuno en su estrategia suicida -San Petersburgo fue el escenario en plena Champions-, el murciano ha sido un muchacho de idas y vueltas. Sin confianza y desconfiado. Ejemplos que invitan a tener paciencia con Ferran Torres. Los cantos de sirena aceleraron una renovación con una cláusula de rescisión de estrella. El Valencia debe cuidar las etapas de un niño, que hoy puede ser campeón del mundo, pero que por ahora destaca en un simulacro de fútbol profesional. El futuro que se augura para Ferran es largo y productivo pero todo se puede torcer si los pasos no son los adecuados. Las prisas nunca acercaron a nadie al éxito. La paciencia es la mejor aliada en este camino.

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