PABLO I.

PEDRO TOLEDANO

Mientras los políticos tibios miran para otro lado, los otros, los que le han declarado la guerra sin cuartel a la Tauromaquia, cada vez se hacen más visibles, y lo hacen con descaro y sin reparar en insultos y amenazas. Ciertas formas de cultura socialmente aceptadas por colectivos compuestos por personas normales, de la calle, seres sensibles, imaginativos o no, trabajadores esforzados, están siendo atacadas desde la insolencia, la rabia y el desconocimiento. Carlos Ruiz Villasuso, prestigioso periodista especializado en tema taurinos, desde su columna de Aplausos.es, hace público hechos que invitan a salir al paso pidiendo que alguien, por ejemplo el poder judicial, comience a tomar cartas en el asunto para parar lo que a todas luces es una tremenda sinrazón.

Relata CRV dos hechos que estremecen al ser leídos: «Se ha tenido conocimiento de la muerte de Mel Capitán, una deportista amante de la vida, de los animales, desde su pasión por la caza. Durante mucho tiempo esta chica ha sufrido un acoso y una persecución brutal por parte de ese colectivo llamado animalista que no es otra cosa que un grupo de acosadores que la ley deja campar a sus anchas. Trataron de que la despidieran, acosaron a su familia, vigilaron sus movimientos diarios. Se ha suicidado. Sólo su mano sabrá los motivos. Pero hay razones que ayudan a una mano».

En la misma columna, el mentado periodista, desvela un tremendo episodio que le toca de lleno: «Tengo escritos imborrables en mi mente de ser acosado, de todo tipo, pero uno no se me olvida: 'Ojalá Jimena y Gonzalo se desangren ante tus ojos, asesino'. Los nombrados son mis hijos. Ni siquiera lo he denunciado. No sirve de nada. No sirve porque ni yo ni la preciosa Mel ni tantos y tantos cazadores, pescadores, aficionados, tenemos la cobertura legal de ser lo que somos: un colectivo perseguido, humillado, discriminado, asociado. Somos ruralistas, naturalistas, con una idea de vida y de relaciones humanas de siglos».

Estos días, hemos podido ver en las redes sociales cómo Pablo Iglesias, al hilo de la 'regulación' que ha hecho de la Tauromaquia el Consell balear, se ha jactado de que «poco a poco la cultura contra el maltrato animal se abre paso en nuestra sociedad. Bien por esta ley». A este señor, el político peor valorado de España, habría que recordarle, como supuesto intelectual, que no se deben hacer juicios parciales ni interesados, ni menos, afirmaciones dogmáticas. Eso no es traer ni frescura, ni claridad ni coherencia.

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