Ostracismo e indefinición

Para gobernar, la oposición municipal, PP y Ciudadanos, está llamada a hablar, perdonarse y colaborar mucho más

F. P. PUCHE

En la antigua Grecia ¿democrática? la política era expeditiva: los magistrados tomaban conchas de almeja o pedazos de vasija negra y rascaban con un punzón el nombre del que iba a ser invitado a largarse de la ciudad; como mínimo, el agraciado dejaba de participar en las cosas públicas, una afrenta como pocas. Veinticinco siglos después, seguimos hablando de «ostracismo»; y lo aplicamos al que se suma a ese estado físico o anímico, al que se aparta de los asuntos públicos, involuntaria o voluntariamente.

A veces es bueno volver a leer lo que uno ha publicado. Si lo que se escribió hace más de un año ya es, por lo general, pescado mal refrigerado, una frase escrita el jueves («El grupo mayoritario, el PP, ha decidido someterse voluntariamente a un incomprensible ostracismo») se puede volver injusta, por incompleta, a los pocos minutos. No todos los concejales del PP están en un ostracismo voluntariamente asumido; no todos están anonadados o perplejos, cansados quizá por el problema judicial que les atañe y la parsimonia de la Justicia. Algunos, Félix Crespo por ejemplo, llevan 'toda' la oposición algunas semanas, gracias a la portentosa figura del 'Pare Fuset'.

Escribir que el grupo municipal de Ciudadanos es de «indefinición alta y operatividad baja» también puede inducir a injusticia. Es lo que tiene la pretensión de sintetizar conceptos que merecen el espacio mayor que hoy puedo dedicar. También hablar de Compromis como un partido de dislates es generalizador, por más que haya en sus filas especialistas en charcos.

Pero a lo que iba el jueves, con lo del ostracismo, es al papel de la oposición municipal, poco consistente salvo en casos de alarma manifiesta o escandalosa encuesta fallera. Darle vueltas al ostracismo lleva a pensar en el que inducen los medios de comunicación: si no hablan de ti, estás muerto. Aunque quizá, qué curioso, las más notorias conchas negras salidas del saco contra los concejales del PP fueron -después de las del PP provincial, regional y nacional, claro está- las de Ciudadanos. Seguro que fueron más dolorosas que las del PSOE, Podemos o Compromis, que eran de manual.

Con todo, parece claro que la crisis municipal se ha generado por los defectos propios, casi genéticos, del tripartito de la Nau más que por la acción de la oposición existente (o inexistente), muchas veces débil, confusa y acomplejada. Un solo ejemplo bastará: llegado el caso no se sabe qué harían unos y otros --PP, Ciudadanos y su necesaria suma- en el Cabanyal. Así las cosas, en la segunda parte del mandato, ambos grupos parecen llamados a perdonarse mucho, olvidar y entenderse más, colaborar con mucha más intensidad y conseguir una imagen conjunta que solo se debería individualizar a dos meses de las elecciones, aunque con promesa documentada de colaboración en el próximo consistorio. El resto, perdonen, parece ostracismo e indefinición. Perder el tiempo.

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