Como la orquesta del Titanic

Sala de máquinas

Sí al corredor. Sí a la España circular además de radial. Sí, siempre que Cataluña se mantenga dentro de España y de Europa

Julián Quirós
JULIÁN QUIRÓS

Publicado en la edición impresa del 8 de octubre de 2017.

Con Vicente Boluda pasa algo. Según transcurren los años, cuesta más reconocer su voz original -natural y algo asilvestrada- dentro de su papel de representante de la voz institucional de AVE, el lobby de los grandes empresarios de la región, todavía muy dependiente de Juan Roig y el cosmos Mercadona. Las declaraciones públicas del naviero han perdido frescura y destello, lo que en parte tiene lógica, pero también se han vuelto menos auténticas y veraces; una pena para la calidad del debate público. Se van pareciendo a los comunicados artificiosos que los líderes patronales copiaron en su día del estilo ininteligible de la política, cuando justamente se entretenían en hacer de políticos empresariales. Con el penoso resultado conocido: quiebra de las patronales (Cierval, Coepa, CEC), graves acusaciones contra los dirigentes de Alicante y Castellón e imputación de socios relevantes de AVE en distintas investigaciones judiciales (casos Taula y Banco de Valencia). La irrupción de Boluda supuso una ruptura con el tono dominante y mortecino, pero el tiempo va desgastando la pureza de su perfil. Y en estos momentos sólo una persona demuestra un mínimo desapego al poder establecido sin dejar por ello de ser una voz responsable. No está en AVE, sino que se sienta en la presidencia de la CEV; Salvador Navarro. El único que por cuna, trayectoria vital y determinación salió de la calle y a ella sigue conectado, sin necesidad de cubrirse con alardes ni espesuras sobre cuánto ha trabajado, lo lejos que viene o hasta dónde alcanza su valencianía o españolismo.

Señor García

En la deriva separatista, por convicción o por entendimiento mutuo, el discurso de AVE ha sido coincidente de pleno con el del presidente del Consell. Ximo Puig dio hace un año a Puigdemont en el Palau un recibimiento escandaloso pese a sus manifiestas intenciones de romper con España. El jefe del Consell, abiertamente, proclamó aquello de que Cataluña y Valencia mantendrían a partir de ahora unas relaciones privilegiadas, al margen de lo que haga Cataluña y al margen de lo que le viniera bien a los demás: «en cualquier circunstancia». Con independencia o sin ella. Puig lleva un año arrepintiéndose de aquellas palabras, quizás más de haberlas expresado que de haberlas sentido. A los grandes empresarios les parecieron bien: «porque no contemplamos un escenario rupturista».

No cabe creer que una gente tan despierta para los negocios sea tan corta de vista para lo demás. Luego estamos ante una simple impostura. Una impostura total que tuvo su colofón el pasado martes, en el Ifema de Madrid a cuenta del cuarto retrato masivo para reivindicar el corredor mediterráneo. Allí fue donde, según la foto publicada, la plana mayor del empresariado valenciano parecía la orquesta del Titanic, tocando distraídamente el ‘vals del corredor’, conservando las apariencias mientras el iceberg catalán producía estragos: (1) las calles llenas por primera vez de gente y banderas españolas porque la paciencia ya se desbordó, (2) los clientes haciendo cola en las ventanillas de los bancos y la bolsa tomando nota, (3) el discurso del Rey como pistoletazo de salida, (4) la justicia persiguiendo a los sediciosos, (5) la UE dando la espalda a un proceso que sólo recoge apoyos de Rusia, Venezuela y la ultraderecha europea, (6) estampida de las grandes empresas fuera de Cataluña. Mientras Vicente Boluda aseguraba que la independencia de Cataluña «no afecta para nada» al corredor mediterráneo, el Sabadell activada su huida a Alicante, Caixabank a Valencia y Gas Natural a Madrid. En fila están Abertis, Aguas de Barcelona, Catalana de Occidente, Freixenet y varias multinacionales. Pero, ojo, todos tranquilos; lo único que no se verá afectado por el hundimiento secesionista es el corredor mediterráneo.

Dicen que la última melodia que se oyó en el Titanic fue ‘Más cerca, oh Dios, de ti’, un himno cristiano consonante con las trágicas circunstancias, pero la orquesta de AVE sonó bastante más desafortunada la otra noche en Ifema. Según La Vanguardia: «siendo grave la situación de Cataluña no debe mezclarse con una red ferroviaria que es vital». ¿Alguien habrá reparado después en la inmoralidad intrínseca de tal axioma? Por supuesto que lo uno y lo otro se condicionan. Y resulta inaceptable poner el corredor por encima de todo lo demás. Porque siendo crítico e importante, lo es menos que preservar el orden constitucional, la unidad nacional, la memoria de nuestra historia e intereses colectivos, las leyes democráticas que nos protegen, el blindaje de los derechos fundamentales que se vulneran en el Parlament, en las escuelas públicas, en TV3. Pero si todo eso no fuera relevante según el criterio del mundo empresarial, sí lo serán con seguridad otros argumentos contantes y sonantes como la presencia de fuerzas de seguridad para garantizar la libertad de comercio, la inviolabilidad de las tiendas y las fábricas, el mantenimiento del marco regulatorio europeo o los perjuicios económicos ante la pérdida de confianza del público y de los inversores; por no hablar de la peligrosa sombra de los boicots o el preclima de pánico financiero que ha terminado con la huida de todo el sistema bancario. Todo eso queda muy por encima del valor que representa el corredor mediterráneo y lo que cabe achacarle a AVE es que nunca, en su argumentario reivindicativo, además de exigir inversiones al Gobierno de Mariano Rajoy hubiera sido igual de beligerante con los planes de Puigdemont y Junqueras. Sólo hace unos días difundieron un comunicado equidistante en el que desistieron de criticar expresamente la vulneración de las leyes en el Parlament y la celebración de un referéndum ilegal para reclamar «una solución política»; ¿negociando con Puigdemont y Junqueras como quiere Pablo Iglesias? La impostura no se sostiene, por eso hasta el promotor del acto, Juan Roig, quebró en primera persona el discurso oficial al admitir públicamente que estaba «asustado y preocupado» con todo lo que estaba pasando en Cataluña. Como para no estarlo, siendo el primer empresario de España.

Sí al corredor, por supuesto. Sí a la España circular además de radial. Sí, siempre que Cataluña se mantenga dentro de España y de Europa; no da lo mismo. Y, en efecto, habrá que volver a hablar con ellos, cuando sus instituciones vuelvan a la senda constitucional y cambien de interlocutores. El corredor, cuando recuperemos la normalidad, es un caballo ganador del que nadie quiere apearse. Nadie. AVE y Juan Roig vieron con claridad el alcance de esa apuesta hace un par de años, y consiguieron quedarse con la exclusiva de su demanda, después de poner muchísimo dinero en el proyecto y acabar con las aspiraciones rivales de otras patronales. Fue un acierto, pero todo tiene un límite. Ahora toca dar la bienvenida a Caixabank, Sabadell y Mediolanum a la Comunidad. Ayudarles y sacar partido honestamente, para Valencia y para el conjunto de España; sin engañarnos sobre las verdaderas razones por las que han aterrizado en esta tierra. Y esperar que a nadie se le ocurra la fantasía de tapar los errores recientes con el cuento de que gracias a ellos ahora recuperamos el potencial financiero perdido. Sería otra impostura, otra ficción para darnos en qué reír.

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