La Orden del Santo Sepulcro luchó para conquistar Valencia

La Orden del Santo Sepulcro luchó para conquistar Valencia
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La Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén luchó para conquistar Valencia y fue heredera de Aragón. Esta Orden de Caballería tiene una honda y significativa vinculación histórica con Valencia y a su 'cap i casal'. Su fundación tiene su origen en la investidura de caballeros y clérigos que en las primeras décadas del siglo XII llegaron a Tierra Santa tras la conquista cristiana de la Ciudad Santa en 1099.

La Orden, que desde 1144 dependía de la Santa Sede, se componía de dos estamentos: inicialmente los Canónigos regulares bajo la regla agustiniana y, más tarde, también los Caballeros. Ambos estamentos sepulcristas -religioso y militar- estaban bajo la autoridad del Prior del Santo Sepulcro y del Patriarca Latino de Jerusalén. Las más linajudas familias de Europa acudieron a recibir sobre el Sepulcro el espaldarazo de Caballero, recibiendo como insignia la Cruz Quíntuple de Jerusalén, emblema de la Orden.

Caída Jerusalén y después San Juan de Acre en manos de los islamitas, los Caballeros y los Canónigos del Santo Sepulcro volvieron a Europa, donde crearon prioratos, conventos, castillos y casas en numerosos países. En la Península Ibérica existen referencias documentales al Sepulcro por lo menos desde 1120, y se conviene en que la Orden regular del Santo Sepulcro se instaló en España en 1126.

Es objetivo de este artículo destacar que Alfonso I el Batallador, rey de Aragón y Navarra, viéndose sin sucesión y seguramente llevado de su íntima vocación de cruzado que nunca pudo cumplir, firmó en Bayona, en octubre de 1131 y en Sariñena el 4 de septiembre de 1134, sendos testamentos en los que declaró herederos y sucesores de sus reinos y señoríos a los sarracenos, a las Órdenes del Santo Sepulcro, Temple y San Juan.

Muchos eran los interesados en obstaculizar e invalidar el testamento del Batallador, ya que con aquella herencia real a las Órdenes iban a desaparecer todas las prerrogativas de los nobles aragoneses, pues a la muerte del rey debían devolver los territorios de la Corona. En consecuencia, los nobles de Aragón decidieron obviar el testamento, coronando a Ramiro II, hermano de Alfonso. Ramiro no parecía un candidato estable y el rey castellano Alfonso VII, hijastro del difunto Batallador, aprovechó para reclamar al trono vacante, al tiempo que la nobleza navarra optaba por entregar la corona a García Ramírez. En respuesta, Ramiro abandonó los hábitos y casó con la francesa Inés de Poitiers, con quien tuvo una hija, Petronila, en la que abdicó cuando la niña tenía un año prometiéndola con el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV. Salvado con doña Petronila el reino de su hermano Alfonso, Ramiro ingresó de nuevo en clausura.

Siendo ya considerado el Conde de Barcelona Ramón Berenguer IV Princeps de Aragón al haberse unido la Casa Real de Aragón con la Condal de Barcelona, las tres Órdenes, a cambio de considerables compensaciones, cedieron al Conde, Caballero del Santo Sepulcro, los derechos que tenían sobre el reino de Aragón. Para recibir la herencia de manos de Berenguer IV y tomar posesión de lo que correspondía a la Orden en el Reino, el Patriarca de Jerusalén envió a Cataluña al Canónigo sepulcrista Frey Giraldus, llevando el instrumento de cesión y concordia por el que el Patriarca de Jerusalén, el Prior y los Canónigos del Santo Sepulcro renunciaban a sus derechos hereditarios del testamento de rey Alfonso I. A cambio de renunciar al tercio de la corona que correspondía a la Orden del Santo Sepulcro, Frey Giraldus recibió, entre otras donaciones, terreno y dinero para levantar en Calatayud un templo y una casa para los canónigos de la Orden, así como diversos privilegios.

En 1238, tomada la ciudad de Valencia por Jaime I, y en compensación de la colaboración militar de los caballeros y canónigos del Santo Sepulcro, les donó tierras en Campanar para que pudieran vivir de sus rentas, y también les entregó la mezquita ubicada en el barrio donde se asentaron los militares de Daroca y que fue consagrada como iglesia cristiana y dedicada a San Bartolomé por el arzobispo de Tarragona Pere d'Albalat. Aquella iglesuela, después colegiata de San Bartolomé y San Miguel, con su casa conventual, sería desde entonces la sede espiritual de la Orden del Santo Sepulcro en Valencia, hasta que en 1936 fue incendiada y destruida, y asesinados la mayoría de los Caballeros.

Hace pocas fechas los medios de comunicación mostraban imágenes y daban noticia del Cruzamiento de Caballeros e Investidura de Damas del Santo Sepulcro en Valencia. Muchos fueron los ciudadanos y visitantes que pudieron observar en las cercanías de la catedral el cortejo sepulcrista, sus hábitos de coro y sus birretas, y los visitantes a la catedral quedaron sorprendidos por la solemnidad y grandiosidad del acto.

Con siglos de gloria a sus espaldas, la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, pontificia, ecuménica y valenciana, continúa hoy cumpliendo con sus principios fundacionales y se mantiene en la defensa de Tierra Santa mediante la ayuda social y la solidaridad, 'armas' que han sustituido a la lanza y la espada.

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