ORDEN Y DESCONCIERTO

MANUEL ALCÁNTARA

Otra de las grandes mentiras que difunde el separatismo es que el Barça seguiría jugando la liga española de fútbol. Nos lo creemos todo, aunque no seamos separatistas. ¿Contra quién jugarán los que están jugando contra la patria común, aunque hermosa en su diversidad? El presidente del denominado Comité Olímpico de Catalunya es el único que lo ve claro. «El Barça tiene la suerte de poder escoger en qué liga jugar», ha dicho. Mucha chulería es esa. La hipotética república catalana no contaría ni con la Guardia Civil, ni con la Policía Nacional, ni tampoco con el Ejército. «No existe ningún soporte legal para lo que pretenden, ni en el ordenamiento jurídico ni en el derecho internacional», les ha dicho Felipe González, después de haber callado durante tanto tiempo viendo cómo crecía el disparate. Siempre es tarde si la desdicha les parece buena a los sediciosos. Los que se tiran por un balcón lo más alto posible tampoco reparan en los que pasan por la acera, pero les pueden caer encima.

El portavoz catalanista Joan Tardà sueña con una idílica república y olvida que Cataluña lidera el ranking de procesados por corrupción. Los encausados por este delito, que consiste en llevarse lo que no es suyo sabiendo que es de otros, baten la plusmarca nacional y para esquivarla les es suficiente con cambiar de nación. Millares de guardias civiles están allí, pero la calle es de ellos y la están ocupando los niños. «No habrá consulta», ha vuelto a reiterar Mariano Rajoy. Han inventado, a la inversa, a los flecha de aquellos tiempos y los párvulos les siguen. Ya se sabe: «Los niños, lo que ven». Mientras, el Gobierno pide unidad más allá del 1 de octubre, que está al caer y nos va a caer encima a todos.

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