Un optimismo impostado

Conviene atemperar el tono triunfalista sobre los datos de empleo

IGNACIO GIL LÁZARO

Esta semana se ha conocido la evolución del paro. Buenas noticias. Sin embargo, conviene atemperar el tono triunfalista sobre los datos de emple,o al menos por diez razones básicas. Primera: España continúa teniendo una de las tasas de desocupación más altas de toda la Unión Europea. Segunda: quienes sufren la falta de trabajo no entienden que sus gobernantes lancen las campanas al vuelo. Un sentimiento natural que es preciso tratar con delicadeza porque la estadística no puede primar sobre el relato humano que hay detrás de cada caso. Tercera: la precariedad de los nuevos empleos resulta apabullante. Casi un sesenta por cien de los mismos tienen duración inferior a una semana, lo que genera en el trabajador una carga de incertidumbre y ansiedad insoportables. Cuarta: aspectos sustanciales como la situación de los parados mayores de cincuenta años o el horizonte laboral de los jóvenes carecen todavía de un planeamiento global que implique atisbar respuestas eficaces. Quinta: el montante de los salarios no permite a muchos de los que trabajan atender plenamente las cargas mínimas del sostenimiento familiar. El empobrecimiento efectivo de los empleados por cuenta ajena es un hecho que se ha de corregir sin mas demora. Sexta: persiste la discriminacion femenina sin que Administración, patronal y sindicatos parezcan decididos a abordar el asunto de una vez por todas y no solo en términos retributivos. Esa disfunción es mas patente cuando se trata de conciliar maternidad y trabajo. Séptima: siguen sin haber alicientes reales para el autoempleo y desde luego las condiciones que enmarcan el ejercicio profesional de los trabajadores autónomos continúan siendo agobiantes para estos. Octava: el desequilibrio entre ingresos y carga fiscal en las rentas medias y bajas acrecienta los niveles de desigualdad estructural en el seno de la sociedad española y lamina también la capacidad de ahorro de millones de familias con los efectos negativos que ello comporta. Novena: los escasos logros conseguidos en materia de afloramiento de la economía sumergida contribuyen a distorsionar el auténtico retrato del mercado de trabajo y el esfuerzo del Estado en políticas de asistencia a los parados. Décima: no se da aun el engarce imprescindible entre planes educativos y análisis de demanda futura en materia de contratación. Faltan también iniciativas que potencien actividades nuevas de carácter tecnológico e industrial creadoras de empleo para corregir así la excesiva dependencia que este tiene hoy del turismo y del sector servicios o prevenir las consecuencias de fenómenos inminentes como la robotizacion. En definitiva es un síntoma esperanzador que el paro decrezca en estas fechas aunque falta por ver que ocurre despues del verano. El próximo año debería consolidar el cambio de tendencia. Mientras tanto seria mejor agilizar las tareas de fondo pendientes y renunciar a exhibir un optimismo impostado. Seguro.

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