OPORTUNIDAD HISTÓRICA

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

La Constitución de 1978 es el gran legado de la generación que mandó en los años de la Transición política, tanto los que procedían del franquismo como los de la oposición a la dictadura. Unos y otros (con un gran protagonismo por parte del Partido Comunista de España) hicieron un notable esfuerzo por aparcar diferencias históricas, por superar el trauma de la guerra civil y por construir un Estado social y democrático de Derecho que a los pocos años se integró en las instituciones europeas. Con casi cuarenta años de edad, la Carta Magna ha procurado el mayor periodo de paz y prosperidad en democracia de toda nuestra historia, una etapa de la que nos podemos sentir orgullosos aunque nadie puede ni debe esconder los errores cometidos. El acuerdo entre los partidos constitucionalistas para abrir un proceso de reforma del texto puede inaugurar una nueva fase de tranquilidad que acabe con el agobio de estos últimos años, en los que la inestabilidad es la nota dominante. El movimiento táctico de Rajoy es de manual. Consigue el apoyo del primer partido de la oposición, el PSOE, sin el cual no es posible solventar la crisis de Estado en que nos encontramos. Deja en fuera de juego (una vez más) a Podemos, que queda como el partido friki que puede sentarse a hablar con los separatistas mientras le incomoda hacerlo con las principales formaciones. Mete en un futuro en más que seguros problemas a los socialistas, pues mientras el PP no va a tener mayor inconveniente en consensuar una postura única en el debate territorial, al PSOE de Sánchez le puede costar más de un dolor de cabeza (y que no pase de ahí). Y por último, devuelve por partida doble la pelota a los independentistas catalanes: primero, al reclamarles que aclaren si lo del martes fue una declaración de independencia o no, con las consecuencias jurídicas (artículo 155) y políticas (ruptura de la CUP con el Govern) que puede tener lo que Puigdemont conteste; y segundo, porque más allá de esta respuesta, el bloque soberanista va a tener que mojarse con la reforma de la Constitución y si finalmente dice que es un debate que no le interesa porque su aspiración es la independencia, quedará al descubierto el gran embuste de la negociación. Negociar, ¿para qué? El presidente del Gobierno parece haber recuperado la iniciativa tras la fallida gestión del 1 de octubre. Reformar la Constitución puede ser una oportunidad histórica para garantizar a España un nuevo periodo de paz y tranquilidad, sin tantas tensiones territoriales, sabiendo no obstante que los que están por romper España o por instaurar un régimen bolivariano no van a estar nunca satisfechos. Pero todos ellos juntos son hoy, afortunadamente, muchos menos que la suma de los que quieren estabilidad, progreso y unidad.

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