EL PESO DE LA LEY

MÁS DURA SERÁ LA CAÍDA

Sobre la prisión permanente revisable, no concibo ninguna buena razón por la que un psicópata sexual homicida no pueda estar toda la vida en la cárcel

VICENTE GARRIDO

Estos días ha vuelto a la actualidad el debate acerca de la pena de prisión permanente revisable, a raíz de la detención del asesino de Diana Quer. El PSOE, Podemos y el PNV presentaron una propuesta en las Cortes para derogarla, la cual todavía ha de ser admitida para su debate por la mesa del Congreso. Pero en todo caso, un día u otro tendrán que posicionarse al respecto sus señorías, y el panorama se presenta complejo. Buena parte de la doctrina jurídica respalda esta petición, al argumentar que esta pena contraviene el artículo 25 de la Constitución Española, que consagra como uno de los fines primordiales de las penas la rehabilitación social de los condenados. También se arguye que las penas, en la actualidad, ya son suficientemente graves, y que en algunos casos se puede llegar a condenar a un sujeto hasta los 40 años de cárcel, lo que, en su opinión, equivaldría prácticamente a una cadena perpetua.

Es importante destacar que en esta polémica hay dos cuestiones en juego. La primera es empírica, a la que la Criminología puede contestar, pero sólo hasta cierto punto, porque en España nadie nunca ha cumplido más de treinta años seguidos de reclusión. ¿Qué sabemos acerca de la reincidencia de los violadores y asesinos en serie una vez han cumplido una condena? Sobre la segunda parte de la pregunta de nuevo apenas tenemos datos en nuestro país: los asesinos seriales de los últimos veinte años que han sido condenados aún no han cumplido su condena: Tony King, Ferrándiz, el Asesino del Naipe, el Asesino del Parquin o Gustavo Romero siguen en la cárcel (Ferrándiz saldrá en breve), así que poco podemos decir. En cambio, varios de los violadores sistemáticos (alguno también homicida) que salieron por la doctrina Parot sí han reincidido, pero otros no, o al menos no se sabe.

La segunda cuestión apunta a los valores de la sociedad. ¿Qué tipo de mensaje se quiere dar a la gente, con independencia de la posible reincidencia de estos individuos? Porque no olvidemos que las leyes también cumplen una función simbólica, la de apuntalar en el imaginario social la fuerza de determinados principios morales. Mi opinión es esta: no concibo ninguna buena razón por la que un psicópata sexual homicida no pueda estar toda la vida en la cárcel. La prisión permanente no exige la perpetuidad, sólo la contempla como posibilidad. Noruega, uno de los países más progresistas del mundo en materia penal, tiene un artículo para poder manejar casos como los de Brievik, asesino de 77 personas (66 adolescentes) -y condenado a la pena máxima en ese país de 21 años de cárcel-, donde el juez se arroga el privilegio de tenerlo toda la vida entre rejas. Para mí la prioridad es el 95% de los reclusos; trabajemos en su reinserción. No me quita el sueño que un sujeto como el Chicle no vuelva a caminar entre nosotros.

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