La nueva televisión valenciana

MÁS DURA SERÁ LA CAÍDA

À Punt sólo tiene sentido si sirve para ayudar a que convivamos mejor, a que facilite nuestra integración como pueblo dentro de España y Europa

VICENTE GARRIDO

La noticia del próximo inicio de las emisiones de la nueva televisión valenciana À Punt debe ser, en principio, una razón para alegrarnos. Después de más de cuatro años del cierre de Canal 9 parece llegado el momento de que los valencianos podamos tener un espacio donde divertirnos, informarnos y mejorar nuestra cultura. Pero, al mismo tiempo, no cabe duda de que, por ser un medio tan poderoso para conformar actitudes, su desempeño será mirado con lupa tanto por los agentes sociales como -por descontado- los partidos políticos. Y está bien que sea así: las instituciones con que se dota cada sociedad han de cumplir con un férreo código de transparencia en toda su gestión, incluyendo la forma y objetivos de los contenidos que programa.

Dos son los grandes peligros por los que puede caerse (y romperse la crisma) el nuevo funambulista de este alambre siempre tenso que es una televisión pública (en las privadas se sobreentiende que hay una agenda ideológica detrás): primero, la libertad de expresión, la capacidad de los artistas para plasmar sus ideas aun moviéndose en el resbaladizo terreno de la posible ofensa a grupos más o menos importantes de la sociedad. Y aquí ustedes pueden crear sus propias listas, simplemente abriendo categorías ('religión', 'género', ideología'...) y luego los grupos correspondientes. Será inevitable algún que otro encontronazo, la vida cultural los implica e incluso exige en toda sociedad abierta, pero el meollo está en unir la calidad de la obra y el respeto inteligente a la dignidad de todos; he dicho 'inteligente', porque la ironía y la parodia implican sutileza, y nadie debería verse privado de ella aún como 'víctima' si aspira a tener influencia social.

El otro gran obstáculo es la imparcialidad de la información. Está claro que Canal 9 no fue un ejemplo en este asunto, pero no hay duda de que este será un criterio inexcusable para À Punt; de lo contrario, no valdría la pena volver a encender el interruptor de esta nueva cadena, ya hay muchas televisiones en el mundo. A la pregunta ¿para qué queremos un nuevo canal de televisión?, solo hay una respuesta posible que la justifique: À Punt solo tiene sentido si sirve para ayudar a que convivamos mejor, a que sirva como espacio de diversión y cultura, a que facilite nuestra integración como pueblo dentro de España y Europa.

Hay muchos enemigos de la Sociedad Abierta y, por extensión, de una televisión pública digna y de calidad: todos los sectaristas, de cualquier índole; los que secundan el independentismo catalán y aspiran a que seamos una parte aliada de sus delirios presentes y su inventado pasado; los que buscan medrar y, obteniendo poder, intenten que la televisión facilite sus planes... Pero no es algo imposible de conseguir; recibamos a 'À Punt' con esperanza; ojalá en breve sea habitual en nuestra sala de estar.

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