Delitos inventados

MÁS DURA SERÁ LA CAÍDA

Los dirigentes del procés percibo que pretenden el liderazgo moral al estilo de las causas del siglo pasado, como King o Gandhi

VICENTE GARRIDO

Este año se conmemora el 50 aniversario del asesinato de Martin Luther King, un hombre que consiguió marcar la historia de Estados Unidos, por las razones que todos sabemos. En el transcurso de un decenio profundamente convulso (los años 60), King surgió como la voz moralmente más autorizada para reclamar que la igualdad fuera una realidad no sólo en la relación entre personas y en los usos y costumbres, sino también incluso en las leyes que regían en muchos estados (particularmente en el sur), que desconocían las obvias exigencias de trato ecuánime sin importar la raza o la religión, derivada de la propia Constitución de los Estados Unidos y su fundamento de que «todos los hombres son iguales».

Pasados todos estos años vemos que, aunque el avance ha sido grande, la brecha continúa. Cuesta mucho derribar las ideas nocivas, y el progreso moral ha de transitar por caminos tortuosos hasta que se llega a la meta. Cuando leo a los dirigentes del proceso de independencia de Cataluña, percibo que en sus discursos y declaraciones hay la pretensión de reclamar para sus propósitos el liderazgo moral al estilo de las grandes causas históricas del pasado siglo, como la protagonizada por King o Gandhi en su lucha por una India libre del poder del Reino Unido. Hablan siempre de «democracia» y del valor superior de sus «justas pretensiones». Para ellos la Constitución es una ley (la Ley) represiva e injusta y, por ello, sus delitos no son tales, sino actos nobles en lucha por la verdadera Democracia y la Libertad de un pueblo oprimido.

No es de extrañar que, en el auto que envió a prisión provisional a Jordi Turull y sus colegas, el juez Llanera escribiera: «Como entienden que no han perpetrado delito alguno, puede concluirse que no se aprecia en su esfera psicológica interna un elemento potente que permita apreciar que el respeto a las decisiones de este instructor vaya a ser permanente, ni por su consideración general al papel de la justicia, ni porque acepten la presunta ilegalidad de la conducta que determina la restricción de sus derechos».

Para los líderes del secesionismo sus delitos son inventados, como lo era para King que los niños negros pudieran ir a escuelas donde también acudían los niños blancos. Pero las diferencias son obvias. King luchaba por una sociedad donde la Ley respetara los derechos humanos, que no fracturara a la sociedad en dos partes desiguales. Los independentistas, por el contrario, buscan fracturar a la sociedad y hacer desiguales a los españoles, rebelándose ante una Constitución que protege los derechos humanos y establece cauces legítimos para permitir la resolución pacífica de los conflictos. Que el fanatismo se apropie de la narrativa moral de la lucha por la libertad no lo hace más noble, al revés, hace más evidente la perversión del lenguaje en beneficio de sus ideas xenófobas.

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