Cómplices

En este mundo hiperconectado la complicidad es imprescindible para que el villano siga actuando

VICENTE GARRIDO

La mayoría de las fechorías que se cometen precisan de cómplices, ya sea de forma activa (ayudando en la ejecución de los desmanes) o pasiva (dejando hacer, o incluso jaleando y animando al infractor). Qué sería de Trump si todos los que se avergüenzan en privado de él dijeran en voz alta lo que realmente piensan, si su espectacular mujer dijera de verdad cómo piensa el presidente, si todos aquellos que se explican en el libro 'Fuego y Furia' hubieran dicho lo que ahora afirman en el momento en que tal opinión hubiera podido marcar la diferencia. Qué sería ahora de Puigdemont si los miembros más clarividentes de su partido se atrevieran a decir que el emperador está desnudo.

Cuanto más prestigio y poder tiene el agresor, más difícil su descubrimiento. Algunas veces son las víctimas las que callan; son cómplices a su pesar. En el juicio que se ha llevado a cabo en Estados Unidos contra el depredador sexual Lawrence Gerard Nassar, cerca de 160 mujeres lo acusaban de haber abusado de ellas en su función de médico de la federación estadounidense de gimnasia, por lo que ha sido condenado a entre 40 y 175 años de cárcel. Todo apunta a que la propia federación y la Universidad Estatal de Michigan sabían muchas cosas que callaron, y así pudo este hombre por espacio de 20 años introducir los dedos en la vagina de sus pacientes como forma de 'tratamiento especial', da igual que el problema fuera una rodilla en mal estado o un dolor de espalda.

La mujer del asesino confeso de Duana Quer calló en su momento; como lo hizo la del triple homicida Gustavo Romero. Innumerables funcionarios o profesionales que ven a sus jefes prevaricar o robar callan: ¿por qué han de ser los primeros en destapar un revuelo que puede que les cueste el empleo? No ser cómplice a veces exige valor, dar un paso al frente, desafiar a quien tiene un poder de represalia o quizás mayor credibilidad cuando las pruebas son difíciles de obtener. En todo el escándalo sexual de Hollywood había mucho que remover antes de decir en voz alta lo que ya se sabía, había que pagar un precio, y en ocasiones uno toma el comprensible camino de evitar males mayores.

Son muy pocas las acciones viles que no tienen testigos; en este mundo hiperconectado la complicidad es imprescindible para que el villano siga actuando. El ciudadano crea ya su propia realidad en el uso que hace de toda la tecnología digital de manejo de la información. La mujer de un conductor negro tiroteado por un policía en Estados Unidos filma la acción y se hace viral. En este punto, debemos reflexionar. Como todo invento trascendente, hemos de repensar bien qué hacer con ese medio que ya forma parte de nuestra vida: acabar con la complicidad y la impunidad es importante, pero hemos de ser cautos en no creer a pies juntillas lo que vemos u oímos. Hay gente que busca beneficio en la denuncia interesada. Este es el terreno pantanoso con el que ahora debemos de enfrentarnos.

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