PROFESORES Y NACIONALISMO

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Según las encuestas del CIS, el colectivo profesional más movilizado a favor del independentismo en Cataluña es el de los profesores, muy por delante de los trabajadores agrícolas y de los comerciantes propietarios de tiendas. El 41% de los maestros se siente exclusivamente catalán y el 61% veía con buenos ojos la posibilidad de que su comunidad autónoma se convirtiera en un Estado soberano. Bajemos ahora del Norte a la Comunitat Valenciana, donde el sindicato mayoritario entre el colectivo docente es el STEPV, una central marcadamente nacionalista que reclama, por ejemplo, que el valenciano sea la lengua vehicular en la enseñanza, a imagen y semejanza de lo que se puso en práctica en Cataluña en los años ochenta, desde la llegada de Jordi Pujol a la Generalitat, con el consentimiento del Estado a través de sus sucesivos gobiernos y con los resultados que ya estamos viendo. Cabe preguntarse cómo es posible que en una región donde la inmensa mayoría de la población se declara española y valenciana a la par y donde el porcentaje de los que sólo se sienten españoles es muy superior al de los que dicen ser únicamente valencianos se registre la curiosa circunstancia de que el primer sindicato de los profesores sea nacionalista. Es evidente que hay profesiones o sectores donde se produce una cierta orientación ideológica de sus miembros por el trabajo que desarrollan. Así, siempre se ha dicho que los jueces son conservadores porque aplican las leyes, el Derecho, y son por tanto garantes de la estabilidad institucional, del marco jurídico. Por el contrario, el mundo del arte y de la cultura en general es terreno abonado para el progresismo por su carácter transgresor. Pero no hay razón alguna que justifique que el nacionalismo sea la ideología dominante entre el profesorado, o que al menos sea su sindicato el que en Valencia actúe como portavoz de un colectivo que sin duda es mucho más plural de lo que los comunicados del STEPV parecen demostrar. En cualquier caso y sea por la razón que sea, lo cierto es que el nacionalismo valenciano, muy minoritario entre la población, domina la Conselleria de Educación y campa por sus respetos en colegios, institutos y universidades públicas. Es perfectamente lógico que la oposición en Les Corts pretendiera que se investigaran los casos de adoctrinamiento que se han denunciado, con el fin de evitar que se acabe considerando como algo normal situaciones y escenas a las que tristemente hemos asistido en Cataluña. Y es igual de lógico que Compromís impida todo tipo de intromisión en un territorio que considera de su propiedad y que es su apuesta para acrecentar su base electoral. Pero ¿qué hacen el PSPV y Podemos -supuestamente de izquierdas- alineándose con el nacionalismo más radical?

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