Tensión

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

No me interesa demasiado el tratamiento, benigno o maligno, de nuestra chismografía acerca del real zafarrancho a las puertas de una catedral. Esas luchas soterradas y familiares imagino que esconden viejas rencillas que estallan en determinados momentos. Nada nuevo bajo el sol. Sí puede preocuparnos, en cambio, la imagen que ofrecemos hacia el resto de países que forman parte de nuestra esfera próxima. En Inglaterra se han relamido. En Inglaterra. Justo en la tierra que tanta chufla exportó gracias a sus aristocráticas patatas internas. Frente a la sajona pompa habitual y a esa educación exquisita basada, en teoría, en el dichoso fair play y la discreción absoluta, escuchamos delirantes conversaciones donde el eterno príncipe Carlos ardía por metamorfosearse en el Tampax de su, a la sazón amante y hoy esposa, Camila. Ese extravagante deseo mostraba un tomate muy de tío rarito. La princesa del pueblo Diana tampoco fue un modelo de sensatez y contención. Montaba pollos cursis de perfecta tontiloca a la primera, claro que esos arrebatos la convirtieron en la auténtica heroína de estos tiempos gloriosos de banalidad y bagatela. Y a la pelirroja Fergie la pillaron trapicheando influencias en un hotel, si no recuerdo mal, con un falso jeque que en realidad era un periodista de perfil algo Mortadelo. En Francia no hay monarca pero el presidente de la República gasta más boato que Luís XIV. A Hollande le retrataron motorizado con su novia secreta la actriz, cuando en fase de adolescentes tortolitos y en horas de trabajo iban a cohabitar, esa tradición tan francesa, en un hotel. Nuestros rifirrafes, pues, no superan los de nuestros vecinos, solo que a nosotros nos encanta regodearnos guerracivilescos con nuestras tramas. ¿Acaso ya hemos olvidado la tensión de nuestras cenas familiares de Nochebuena?

Fotos

Vídeos