Como Lola

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Abracadabrante la modalidad patriótica que consiste en trasladar los dineros allende las fronteras de la madre patria, grande o chica. Esta fiebre patriotera se constata entre ese sector de la alta burguesía catalana desnortado actualmente en misiones de independencia mondonguera. Pero cuando les atacan el bolsillo, la butxaca, ay, el tornasolado fervor evoluciona hacia lo avinagrado, y el sagrado ideal se resquebraja ante la perspectiva del multazo.

El simulacro de referéndum aquel como de cartón piedra de Cifesa, en efecto, le puede salir caro a Mas y otros gerifaltes. Cinco millones de pavos, concretamente. Menudo susto. Por supuesto un jefecillo ha irrumpido en plan de coña para burlarse de esto, aunque su buen humor se debe, sin duda, a que no le reclaman la pela a él, pues entonces seguro que no andaba tan graciosito. En plan bravucón chistoso ha comentado que, para sufragar esa multa, bastaría que cada catalán aportase menos de un euro. Frente a la ironía de sus frases sabemos que las palabras nunca son inocentes y segregan un poso de verdad, por lo tanto, a este mozo tan pecholobo le ha florecido aquella idea que propuso la inmortal Lola Flores cuando Hacienda le propinó una feroz dentellada. La pobre Lola intentó que cada español le regalase una peseta para cicatrizar su deuda, pero luego, a la hora de la verdad, el personal no mostró solidaridad y sí enorme cahondeo. La ocurrencia de este dirigente catalán, el del euro por cabeza, entronca con nuestro folclore más cañí y españolísimo. Mira por dónde y de repente la aventura independentista emparenta con el tono de una mujer que vestía de flamenca y amaba tanto el lolailo como el arsa pilili aderezado por las palmas regadas de coñac. Al final, la identidad de unos y otros nace en el folclore. Si Eugenio Nöel levantase la cabeza...

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