Graciasss

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Resucita la tradición germanófila que tanto jugo segregó en los casinos durante las guerras mundiales entre los tertulianos de café, coñac, puro y fichas de dominó. La parroquia, dividida entre aliadófilos y germanófilos, discutía mucho sobre las estrategias y alguno se creyó que era un mariscal de campo. Quizá en aquellos tiempos se forjó el mito de aquella implacable mecánica teutona que tanta admiración despertaba.

«Alemania es un país muy serio» es el mantra que se repite estos días tras la detención de Puigdemont. Ya empezamos con los tópicos... Los alemanes son muy serios, sí, pero bien que nos la colaron hace poco vendiendo coches ecológicos que en realidad escondían un truco barato para engatusar a la clientela. Vaya seriedad. Si semejante trampa llega a florecer en un país sureño como España, todavía soportaríamos pedradas y fustazos respecto a nuestra tradicional picaresca, nuestra genética vagancia y nuestra enorme querencia hacia la estafa. Como siempre, la recia eficacia norteña frente a la caspa sureña. Y lo peor es que desde aquí nos tragamos esos mitos la mar de contentos. Alemania es muy seria, desde luego. No en vano achicharraron a seis millones de inocentes empleando una suprema pericia industrial. Si ese crimen colectivo hubiese estallado en un país sureño, insisto, todavía estaríamos encerrados tras asépticas alambradas, pero a los alemanes se les ayudó a levantar el país y luego se les perdonó la inmensa fechoría. Deteniendo a Puigdemont Alemania ha cumplido escrupulosamente con su deber. Punto. Más serios que los cuchufletas belgas sí son, en efecto, pero tampoco exageremos con esta especie de pirotécnico agradecimiento pelotillero que sólo realza la repugnante e injusta superioridad moral que mana del norte frente al sur. Pero, en cualquier caso, graciasss Alemania...

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