CJC

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Ya que estamos, de nuevo, galvanizados en la arena de los chanchullos y el formidable psicodrama protagonizado por los que se sientan en el banquillo con semblante triste de jugador reserva de equipo futbolero de postín, podríamos aprovechar la ocasión y fundirnos de una tacada chiringuitos como el Consell Juridic Consultiu (CJC). Así todos contentos. Bueno, todos menos los que cobran el sueldo de ese negociado que naturalmente se sufraga con nuestros impuestos y no parece que destile gran utilidad salvo para colocar a las almas errantes, a los presidentes cesantes, a los amigos de los antes y a los colegas de los de ahora. Fulminamos por un lado a Camps, tal y como pretenden los actuales gobernantes, le ahorramos el disgusto a la oposición pepera que se abstiene mientras se desangra en trifulcas internas y, cómo no, lo más importante, los contribuyentes nos ahorramos un dinerín que, por supuesto, se derrocharía en otra área o en otro invento, pero eso es otra historia. El CJC emite informes que no son vinculantes y que me temo nadie lee. Por otra parte, en materia jurídica, la Generalitat dispone de sus letrados y seguro que ellos dominan el cotarro. Que les pidan, pues, consejo a ellos, que para eso aprobaron una oposición. La moda de los consells jurídicos, los consells culturales, los consells de esto o de aquello responde a la necesidad de fertilizar bolsillos ajenos que necesitan un apaño o se lucran directamente con otro extra mensual, que de todo hay. ¿Mejoran la vida de los ciudadanos estos consejillos de presuntos sabios que incluso disponen de secretaria y de coche oficial? En absoluto. Otra cosa es que convenga reciclar a los expresidentes en ciertas funciones florales para que no recurran al tráfico de influencias de las puertas giratorias. Y otra cosa es que lo merezcan...

Fotos

Vídeos