Brutal

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Algunas personas disfrutan causando daño al prójimo de una manera planificada, deliberada, y esto nos asombra pues no entendemos qué clase de ponzoña repta en esas seseras. La detenida por liderar (supuestamente) a esos piqueteros independentistas tan amantes de quemar neumáticos sobre el asfalto para cortar el tráfico por las bravas, lanzaba (presuntamente) unos mensajes trufados de paz, inocencia, candor y amor con la intención de favorecer su causa y, de paso, fastidiar al otro. Es legítimo, desde luego y mediante los cauces legales, defender el pensamiento que encorseta las almas. Sin embargo los métodos violentos no se permiten en una democracia, qué le vamos a hacer. A esta jefecilla le han interceptado mensajes bondadosos que revelan un repelente anhelo por triturar. Veamos sólo algunas de sus perlas publicadas en la prensa: «Si pudiéramos parar el puerto sería brutal porque dejaríamos sin avituallamiento a Islas Baleares...». Brutal. Ya empezamos... Hoy, como decíamos el otro día, todo es «muy potente» o «brutal». Sería brutal, sí, menuda alegría, que los pequeñuelos de Mallorca se quedasen sin su papilla diaria, los diabéticos sin su dosis de insulina y la gente sin pan ante la falta de harina. Brutalísimo. Potentísimo. Espectacularísimo. A esta mujer le encantaría, parece ser, arrastrar, en el nombre de su revolución, claro, hacia la hambruna a los habitantes de las Baleares. ¿Y qué habrán hecho nuestro vecinos isleños para merecer tal suerte? Se ignora, pero sería brutal castigar así al personal. Tambien expresa un singular deseo, esta dulce persona, cuando propone impedir la entrada en Mercabarna para «joder a todo el mundo». Demonios, qué manía con lo de joder a todo el mundo y qué feroz afán hacia la destrucción y el caos. La revolución exige el peaje de la sangre ajena. Brutal.

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