LOS EX

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Los polis de las buenas novelas negras o lucen un desastroso divorcio desde el principio o la esposa les abandona a mitad del libro mediante una nota fría que él lee al regresar a las tantas dispuesto a pimplar bourbon para anestesiarse. Ambos se quieren, sí, pero la situación es insostenible por culpa de los horarios y de los rigores de la investigación. Esos polis, algo cínicos porque cohabitan junto a la maldad, corruptos en su justa medida pues trincan hebras de pasta o de polvo blanco para untar a sus fértiles chivatos, adquieren, en su condición de ex, una dimensión que les humaniza porque arrastran ese toque de hombre dotado de corazón roto que ha visto, digamos, «naves arder más allá de Orión». A los expresidentes de gobierno les sucede un poco lo mismo, de repente, cuando hablan como durante el aniversario de Vocento, aparecen empapados por una humanidad y una cordialidad que los convierte en tipos sensatos que supieron regresar de la primera trinchera sin mostrar síndromes postraumáticos o pies de barro. Cuando ya no ocupan el cargo de máximo gerifalte, sin las presiones habituales ni las intrigas que amortajan el cargo, no sólo exhiben un tono relajado sino que además sincronizan sus razonamientos en las grandes cuestiones de estado. Aznar ha pasado del «márchese señor González» ha coincidir con él en un elevadisimo porcentaje. Las batallas teñidas por la ideología se derrumban porque ya no necesitan agredir al otro y entonces fluyen los puntos en común. Si los expresidentes, en efecto, son una suerte de decorativo jarrón chino, a lo mejor convendría prestar atención y escuchar la música que mana de esa cerámica exquisita que atravesó las entrañas del Poder. Qué gustó daba verlos tan educados y constructivos... Lástima que esto sólo suceda cuando su pecho exhibe el blasón de 'ex'.

Fotos

Vídeos