SIMPLE PROMOCIÓN

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Roqueros de espíritu, en principio, indómito y además con acusado perfil entre húmedo y lascivo no dudaron en inclinar la testuz ante la monarca más poderosa de la galaxia, Isabel de Inglaterra, cuando les concedía un título que valoraba sus méritos a la hora de aportar jugosas divisas a las arcas nacionales. Mick Jagger, líder de sus satánicas majestades, si no recuerdo mal recibió feliz una condecoración graciosamente extendida por su longeva majestad inglesa.

El presidente francés gasta mayor pompa y boato que la monarquía más rutilante. La herencia del toque digamos a lo 'Rey Sol' o a lo 'emperador Napoleón' repta entre las bambalinas del poder gabacho. Y cuando el presidente francés homenajea a los artistas clavándoles la Legión de Honor sobre la solapa, nadie suele negarse. Tanto en un caso como en el otro los beneficiados entienden que se trata de un insuperable acto de promoción que favorece sus carreras. Un espaldarazo superior que reconoce sus trayectorias y les traslada a otra esfera cercana a los intocables, a los inmortales. La presencia de nuestro Rey inaugurando un acto, una cuchipanda, una inaugración o un congreso de chismes sofisticados viene rodeada por una nube de fotógrafos y garantiza un eco formidable y chisposo en los medios de comunicación. Sólo desde el punto de vista publicitario el impacto resulta enorme y esto, en nuestra actual sociedad de feroz competencia, supone un extra harto anhelado. De ahí que, en efecto, la Casa Real reciba todo tipo de invitaciones. No se trata, pues, de ser republicano, monárquico o medio pensionista, sino simplemente pragmático. Por lo tanto, ¿conviene o no contar con la regia presencia para fortalecer un tinglado mundial? Sin duda sí, y más en estos tiempos inciertos que corren. Bueno, pues algunos no lo tienen claro. Ellos sabrán.

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