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Algo está fallando: sólo hay dos concejales de la ciudad en la corporación provincial. Y por lógica numérica deberían ser diez

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

Algo no funciona bien en las relaciones de la Diputación Provincial con la ciudad de Valencia. Algo falla, alguna cuerda del violín se ha roto. Porque la corporación provincial sostiene con la capital una deliberada distancia, una comedida prevención, mientras no oculta su desinterés por algunas de las instituciones propias que hay la ciudad; algunas históricas, como el Hospital Provincial, decano en la sanidad valenciana.

Algo está fallando en unas relaciones que antiguamente fueron armónicas. Lo curioso es que ocurre recientemente, tras una intensa etapa en que algunos partidos daban a las diputaciones por amortizadas y otros las querían extinguir, modificando la Constitución incluso. No ocurre ahora lo mismo, cuando esos partidos han alcanzado escaño en el palacio de la Baylía: pero es interesante, y asusta incluso, ver cómo lo que ahora prima en la institución provincial es un refinado desdén hacia Valencia ciudad; lo que incluye tanto el deliberado abandono de sus instituciones y tradiciones, de su forma de ser y sentir, como el distanciamiento de cuanto la Diputación hizo históricamente en Valencia, sea el MuVIM, el teatro Principal o incluso la plaza de toros.

Cierto es que lo taurino no está de moda ahora. Pero ni la Alfonso el Magnánimo ni los museos de la Beneficencia, hijos de la vieja vocación de la institución provincial por la Prehistoria, parecen enorgullecer ya a los nuevos responsables provinciales. En la Diputación, donde se vienen alimentando desde hace tiempo con el plato único del «Colze a colze amb els ajuntaments», el perfume que más y mejor se vende es el del distanciamiento de la capital natural del área metropolitana, de la provincia y la región. Valencia es -¿cómo decirlo?- una especie de inquietante enclave, gobernado demasiados años por Rita Barberá, un espacio político raro y especial contra el que «les comarques» han de estar, como poco, prevenidas.

Curiosamente, las cifras nos señalan una injusticia manifiesta: pese a que el 30,5 % de los electores de la provincia están en Valencia capital, la representación de la urbe en el consistorio de la Diputación es ridícula: la aberrante aplicación que los partidos hacen de leyes aberrantes da como resultado que sólo dos de los 31 diputados provinciales provengan de Valencia ciudad. Sólo el PP, que tiene doce, envió un concejal a su consistorio; el otro es de Valencia en Comú. PSOE, Ciudadanos, Compromís y EU han escurrido el bulto a la hora de lograr lo lógico, que uno de cada tres diputados provinciales proceda de la ciudad capital. Son los partidos que, a la hora de la verdad, decidieron la loca representatividad que puede observarse en 'la Dipu'. Donde el partido más votado no gobierna, el colectivo de más electores está mal representado y ese cinturón de l'Horta que rodea a la ciudad castigada tiene el privilegio, y la prima, de tener 15 de los 31 diputados.

Si después de Tabarnia se ha empezado a hablar de Palmaria, el 'cantón' de Valencia capital pronto será una realidad...

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