EL FLAT DEL PROCÉS

Turull no pareció muy preocupado por lo que comían los presos en Cataluña mientras estuvo en el Govern

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

El exconseller Turull ha inventado un nuevo agravio de Rajoy contra Cataluña. Primero fue la dependencia del FLA (Fondo de Liquidez Autonómica) y, ahora, el sometimiento al FLAT (Fabada, Lentejas y Alubias de Tolosa). Dice el exconseller que en la cárcel no se come bien. Nunca lo he probado y espero evitarlo en el próximo medio siglo pero hasta la fecha no he visto ningún penal en el listado de mejores restaurantes de Tripadvisor. Ni siquiera en la categoría de 'Alternativo, atrévete a probar, ¡ni te lo imaginas!'. Entiendo que la calidad de la comida, como en cualquier establecimiento de esas características no es para ser incluido en la Guía Michelin pero no pareció muy preocupado por lo que comían los presos en Cataluña mientras estuvo en el Govern. Al menos, no se le conoce ninguna acción al respecto. Ni sobre la comida ni sobre las condiciones de los reclusos que es lo realmente importante de su experiencia. Viendo por dónde caminaba el procés, bien podría haberse interesado el responsable de Interior. Como mínimo, por su futura implicación personal. Una prueba más de que no creían en la autoridad del Estado en su comunidad autónoma.

Dice Turull que el rancho de la trena no solo es malo sino flatulento. Me interesa el concepto. Ahorraré al lector una disertación sobre la pedorreta como arma de destrucción masiva en el contexto carcelario -Déu n'hi do!- y me centraré en la razón por la que, en adelante, asociaremos a Turull con el 'flat' de Rajoy. ¿Por qué destacar ese aspecto de su paso por la prisión? ¿Demasiada fibra, excesiva bebida gaseosa, abuso de las leguminosas? ¿Quizás -sospecho con horror- se le negó el Aerored? ¿O, acaso, como compañero de celda del exconseller de Medio Ambiente estaba concienciado sobre el efecto de los gases de las reses en el cambio climático y tenía cargo de conciencia? Algo de esto ha tenido su impacto en los presos de esa celda porque el otro, Rull, el de Sostenibilidad, se quejó de la hamburguesa quemada. Y quién no. Ahora que la hamburguesa ha entrado en la carta de los restaurantes buenos en su versión más gourmet, nos hemos desacostumbrado a las suelas de zapato que ofrecían algunos fast food en los tiempos adolescentes del exconseller. Seguro que no le dieron ni kétchup para que le pasara por el gaznate semejante engrudo. En resumen, para los presos del flat, ha sido un infierno.

Es una síntesis pensada para hacer amigos. Los presos y los funcionarios habrán quedado encantados con que un representante del gobierno, para una vez que comparte su vida, acabe relacionando «experiencia muy dura» con el punto de la carne o los menús baratos de lentejas y garbanzos. La cápsula de Oz no para nunca y es capaz de aislar a sus protagonistas incluso del entorno más real y difícil. Es la caracterización de toda una clase política, incapaz de tomar el pulso a la realidad y de ver más allá de su propio interés particular.

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