De Rafa Nadal a Ricardo Ten

Pedro M. Campos Dubón
PEDRO M. CAMPOS DUBÓNValencia

Todos somos mitómanos. Idolatramos a personajes de todo tipo. Mi único autógrafo en esta vida se lo pedí, con la cara más roja que un tomate, a Manolo 'el del bombo'. Luego mitifiqué a José María García y hasta ahí. Se acabaron mis admiraciones extremistas en el deporte. Pero hago una reverencia ante la gente admirable. A uno de ellos lo tendremos en Valencia para la eliminatoria de la Copa Davis. Rafa Nadal es el ejemplo para todo churumbel. No le alumbran errores o pasadas de frenada. Pero lo más destacable del tenista es que siempre dice «hola» cuando parece que al levantar la mano anuncia un «adiós». Siempre se ha alzado tras una caída cuando, además, ya no tiene que demostrar nada a nadie, ni a él mismo. Jugará en la plaza de toros una eliminatoria complicadísima de Copa Davis cuando perfectamente podía justificar su ausencia tras una lesión prolongada. Pero le puede la responsabilidad, que jamás nadie pueda poner en duda su compromiso con España y con el tenis. Y posee una virtud que a todos los niños que se creen Messi y a los padres que quieren que su hijo sea Messi para tener una cartilla repleta de dinero les deberían inocular a fuego: saber perder antes que saber ganar, algo especialmente complejo en esta época. Y en Valencia tenemos otro paradigma. Se llama Ricardo Ten. Es de Tavernes Blanques. Un accidente eléctrico le provocó la amputación de ambos brazos y de la pierna izquierda. Tenía ocho años. Tiempo después acumula títulos a porrón. 12 veces campeón de Europa, siete veces campeón del mundo y tres veces campeón olímpico en natación. Casado y padre de dos hijos, es habitual verle en su coche por las calles del municipio. ¿Alguien duda de que se sacaría el carne? ¿Alguien duda de que consigue lo que se propone? Otro ejemplo para los más pequeños.

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