La voz de la calle

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Los partidos de la oposición, especialmente Podemos -que con la ayuda de su aparato mediático cree haber encontrado la fórmula mágica para acabar con el predominio de la derecha en España que marcan las encuestas-, se echan las manos a la cabeza porque dicen que Rajoy no hace caso de la voz de la calle. Por 'la voz de la calle' se refieren a las manifestaciones de los pensionistas contra la ridícula subida del 0,25% (¿a quién se le ocurrió enviar una carta a cada jubilado comunicándole la buena nueva?) y a las históricas movilizaciones de las mujeres del pasado 8-M y que abarcaban un amplio abanico de reivindicaciones, desde la lucha contra la brecha salarial y cualquier tipo de discriminación hasta el fin de la violencia de género pasando por un genérico, bienintencionado pero un tanto infantil intento de acabar con el machismo por decreto, como si algo así fuera posible. La izquierda ve debilitado a un PP más preocupado por Ciudadanos que por el PSOE o por Podemos y se encomienda a la agitación callejera para dar la vuelta a unos pronósticos que ahora mismo, si hacemos caso a las encuestas (la última, la de El País del pasado domingo), indican que el centro-derecha obtendría el 50,4% de los votos frente al 36,4% de la izquierda y la extrema izquierda, quedando el resto para las formaciones nacionalistas y regionalistas. Hacer caso a la calle, en estos casos, implicaría una subida de las pensiones que se estima que supondría un incremento del gasto público de unos 1.800 millones de euros, una cantidad que los proponente no dicen de dónde se sacaría, o lo que es lo mismo, qué se dejaría de hacer o de pagar.

El domingo por la tarde, en cuanto se hizo pública la noticia del hallazgo del cadáver del niño Gabriel, decenas de personas al principio y centenares conforme avanzaban las horas, se concentraron ante la Comandancia de la Guardia Civil a la que había sido conducida la presunta autora del terrible e incomprensible crimen, reclamando a voz en grito justicia, incluso su muerte. ¿Es esto también, para el PSOE, para Podemos y para los sindicatos, la voz de la calle o como en este caso no están de acuerdo con lo que piden los airados ciudadanos de Almería (conste en acta que yo tampoco) el Gobierno no debe prestar atención a sus reclamaciones? 'La calle', o 'la gente', ese concepto tan socorrido en el argumentario de Podemos, está por la prisión permanente revisable, con la que la izquierda y los nacionalistas quieren acabar. Piden, ante la indignación popular, que no se legisle «en caliente». La pregunta, como es obvio, surge de inmediato: ¿con la prisión permanente revisable no hay que legislar 'en caliente' tras la trágica muerte de Gabriel y con las pensiones y las mujeres sí tras el éxito de las movilizaciones?

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