NO VA A HABER PARA TANTO

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Una cosa es que la izquierda, por definición, sea defensora del sector público mientras la derecha apuesta por dar facilidades y promover la iniciativa privada y otra bien distinta es que los partidos que se autocalifican de progresistas pretendan meter bajo el paraguas de la Administración toda actividad no sólo económica sino también socio-cultural, hasta hacer de papá Estado una entidad omnipresente que no sólo se ocupa de defender las fronteras del país frente a un hipotético enemigo exterior, de atender la educación, la sanidad y los servicios sociales sino que llega al extremo de procurar la pedicura de las personas mayores anteriormente denominadas ancianos y de suministrar una completa programación de conciertos de rock al aire libre para tener contentos a los jóvenes. A cada conflicto o simple debate que se genera en Valencia ciudad respecto a un edificio público o privado pero que de algún modo podríamos calificar de emblemático, la izquierda y el nacionalismo ahora gobernantes salen con lo mismo, con la genial idea de encontrarle un destino que supuestamente va a servir a los intereses de los ciudadanos... aunque para ello van a ser necesarios unos impuestos que salen precisamente de los bolsillos de esos mismos ciudadanos. El antiguo convento de Santo Domingo, lo que se conoce popularmente como Capitanía General, debería ser para la Generalitat, dice el tripartito, lo que implicaría tener que mantener y vigilar un extenso complejo arquitectónico de extraordinario valor histórico. Con los viejos Docks del Puerto, en la Marina, el alcalde Ribó descarta entregarlos a una empresa para hacer un hotel de lujo, que asegura que ya hay bastantes, y en su lugar propone un uso cultural y de innovación, que a ver quién es el guapo que se opone a tan fantástica idea, la «innovación, una especie de mantra ante el que sólo cabe que apuntar que claro, que por supuesto, que adelante... aunque también cabría preguntar aquello tan socorrido de «y eso... ¿quién lo paga?». Se salva la alquería del Moro y se adjudica su rehabilitación, ¿para qué? Pues para un centro de interpretación de la huerta, otro inmueble municipal que habrá que mantener. Lógico es por tanto que cuando se plantea el problema del Metropol y qué hacemos con él, si lo salvamos o no, algunos defensores de su protección miren hacia el ayuntamiento y propongan o bien un centro cultural para el Ensanche, que al fin y al cabo carece de algo así, o una extensión de la Filmoteca, en un nuevo capítulo del clásico valenciano «serà per diners?» del que en la época popular tantas temporadas conocimos (Fórmula 1, Ciudad de las Artes y las Ciencias, Copa América y la Marina, Ciegsa...). La pregunta surge por sí sola, ¿va a haber para mantener tantos edificios públicos?

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