'Depredadora' Avda. del Oeste

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Dónde empieza y dónde acaba la polémica 'memoria histórica'? Porque una cosa es enterrar dignamente a los asesinados cuyos cuerpos se taparon de cualquier manera en las cunetas o se arrojaron a fosas comunes y otra muy distinta es tratar de viajar en el tiempo para reescribir la historia. Pero cuando la izquierda pierde el paso y cae en las encuestas, cuando la disputa electoral que se anuncia es en el centro-derecha, entre el PP y Ciudadanos, a los creadores del pensamiento políticamente correcto, progresista, sostenible y paritario, no se les ocurre otra cosa que volver a sacar a pasear a la calle el espantajo del franquismo. Y el problema es que cometen no sólo injusticias, como la de Villar Palasí, sino incoherencias, como la de retirar el rótulo de Barón de Cárcer para dejar el de avenida del Oeste. Los mismos que presumen de haber parado un proyecto urbanístico como la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez hasta el mar -lo que ha permitido salvar el Cabanyal (otra cosa es que luego el Ayuntamiento no haga sus deberes y el barrio esté aún peor que hace tres años)-, mantienen en el callejero el nombre de un plan que en su momento, cuando fue redactado, suponía partir por la mitad la Ciutat Vella, el casco antiguo de la ciudad, arrasando cientos de edificios a su paso. El proyecto de la avenida del Oeste, redactado en el primer tercio del siglo XX, respondía a las tesis higienistas del XIX que clamaban por sanear las viejas ciudades europeas, para que entrara el sol en las viviendas, con calles más anchas, bulevares y plazas. La plaza de la Reina, la calle de la Paz (entonces Peris y Valero) y la avenida del Oeste son el resultado de aquella mentalidad, que junto a magníficas intervenciones puso en peligro patrimonio de incalculable valor, trama urbana, paisaje y ambiente de barrio. La Paz se paró ante la campaña en contra de una propuesta que amenazaba Santa Catalina. La plaza de la Reina fue un quiero y no puedo, se hizo el vaciado pero no se construyeron edificios acorde a la escala del emblemático espacio, y finalmente acabó convertida en parking subterráneo y estación de autobuses. Y la avenida del Oeste también se quedó (afortunadamente) a medias, lo que salvó del derribo, entre otros, los palacetes de la calle Eixarchs. Aquel urbanismo «depredador» -por usar la terminología que tanto gusta a los verdes de Compromís y que igual les sirve para decir no a Puerto Mediterráneo que a un nuevo casino en el Puerto de Valencia- ha sido ahora entronizado gracias al Ayuntamiento de la ciudad, al tripartito paritario, sostenible, etc., etc., que seguramente no sabe qué es eso de la avenida del Oeste. No les sonó a franquista y lo dejaron. Como mantienen a Francesc de Vinatea, el jurat que mató a su mujer. Tal vez si leyeran un poco más...

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