Con China no se atreven

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Los criterios morales que determinan la política de relaciones internacionales de los partidos de izquierdas son dignos de un análisis que debería encargarse no a un experto en geoestrategia sino a un psicólogo. Los herederos de dirigentes complacientes, cuando no abiertamente aliados y cómplices, de las sangrientas dictaduras comunistas que sojuzgaron las libertades y los derechos de millones de europeos durante casi medio siglo esgrimen ahora su ya habitual doble vara de medir según de qué país se trate. Si es Arabia Saudí, leña al mono. A Podemos no le parece bien que España firme acuerdos comerciales con un Estado que aseguran que da cobijo y alienta el yihadismo (y lo dicen los mismos que se han negado a firmar el pacto antiyihadista). Si el presidente de Argentina, Mauricio Macri, viene a España en visita oficial, boicot, da igual que lo eligieran los ciudadanos en unas elecciones democráticas, lo importante es alinearse inequívocamente con la internacional populista que liga a los de Iglesias con Kirchner. Y si las potencias occidentales atacan en Siria para castigar a Bashar al Assad después de que sus tropas emplearan armas químicas, ¿con quién cierra filas el partido morado? Con el amigo del sátrapa sirio, es decir, con la Rusia de Putin, que condena la intervención armada. La excusa de la protección de los derechos humanos varía, como podemos ver, en función de la simpatía hacia los dirigentes. Los de derechas son sospechosos por el mero hecho de ser de derechas, mientras que los de izquierdas tienen patente de corso. China es el caso más evidente. Una delegación de la Generalitat Valenciana, con el presidente Puig a la cabeza, visita estos días algunas ciudades del gigante asiático para reforzar los lazos comerciales, especialmente a través del Puerto. Las peculiaridades chinas, por llamarlas de alguna forma, no son tenidas en cuenta en este caso. Los políticos valencianos del tripartito miran para otro lado y no se detienen en un asunto que al parecer carece de importancia para ellos, como es que China no es una democracia sino una dictadura en manos del Partido Comunista. Ninguna economía avanzada puede permitirse el lujo de boicotear a China, de condicionar sus relaciones a una normalización democrática que no está en la agenda. Y no pueden hacerlo por una sencilla razón, y es que estamos hablando de la segunda economía del planeta, la gran fábrica del mundo. A lo más que se atrevió ayer Podemos es a pedir que no compitamos «en derechos laborales» con China, para reclamar que no sólo se insista en traer turistas (chinos o de donde sea) sino en mejorar las condiciones de los trabajadores del sector turístico. Pero si viniera a España Xi Jinping en visita oficial no harían como con Macri, se cuadrarían y punto.

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