LA APARENTE NORMALIDAD

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

El pasado martes, cuando ya se supo que Mavi Mestre ganaba las elecciones al Rectorado de la Universitat de València, en los cuarteles generales de algunos partidos (no todos, claro), asociaciones empresariales, sindicatos y otras entidades sociales se respiró con evidente alivio. Prueba superada. Al principio del recuento parecía que Vicent Martínez podía dar la sorpresa pero finalmente acabó por imponerse la lógica y la candidata oficial y continuista será quien sustituya a Esteban Morcillo. El régimen continúa. ¿El régimen? Imposible no referirse aquí al muy comentado artículo que Carlos Flores, catedrático de Derecho Constitucional y columnista de LAS PROVINCIAS, escribió el pasado 21 de febrero en este periódico y en el que para hablar de las elecciones a rector trazaba un perfil del PRI, el Partido Revolucionario Institucional de México, que dominó la vida política de aquel país nada menos que entre 1929 y 2000, recordando sus principales características: un complejo sistema clientelar con el que consiguió convencer a la inmensa mayoría de ciudadanos de que era mucho mejor estar con el poder que al margen o contra él; en segundo lugar, «una indefinición ideológica cuidadosamente calculada»; en tercer lugar, «una hábil explotación del enemigo exterior»; y por último, «un inteligente sistema de circulación de las elites, en virtud del cual el jefe del Ejecutivo se reservaba el derecho, ya en los últimos compases de su mandato, de cooptar a su sucesor». Todas estas peculiaridades que definieron al PRI es fácil encontrarlas en 'el régimen' que desde ya ni se sabe cuándo gobierna la histórica Universidad Literaria de Valencia reconvertida por obra y gracia del padre fundador, Ramón Lapiedra, en «Universitat de València», así, sólo en valenciano, una declaración de intenciones que desde hace más de tres décadas marcó la vida universitaria. 'El régimen' ha gestionado no sólo el rectorado sino facultades y escuelas, departamentos, bibliotecas, publicaciones... Y ha impuesto su sello, moderadamente revolucionario, de un progresismo políticamente correcto, con un nacionalismo 'light' pero sin romper con las reglas del juego, institucional, sistémico. Una aparente normalidad dentro de la absoluta anormalidad que representa que en una comunidad donde la inmensa mayoría de ciudadanos se sienten tan españoles como valencianos, su principal universidad juegue de cuando en cuando a los equívocos, a la ambigüedad, a dar cabida a las convocatorias más radicales que imaginarse pueda o a imponer por la vía de los hechos una lengua que no es por la que principalmente optan sus alumnos pero que es con la que se encuentran en aulas y formularios. Y con el símbolo de los mástiles del Rectorado vacíos, sin las banderas, no sea que haya que colgar la Senyera...

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