La gran coalición

MIQUEL NADAL

Esto de la 'Große Koalition' ya estaba inventado aquí en el mundo del fútbol. La noche de la eliminación del Paris-Saint Germain escuchaba a un contertulio de filiación blaugrana calificar el asunto como una victoria del mundo del fútbol frente a la nueva casta de equipos construidos a base de talonario. Lo decía un periodista hincha de un club que en el coste de un solo fichaje supera el presupuesto de más del 90% de los equipos de la primera división. El reparto del hoy por ti y mañana por mí llena de trofeos sus vitrinas, y nos hace cada día un poco más invisibles. Que no contamos para nada más que como figurantes no es una percepción subjetiva. La demoscopia, los presupuestos, la televisión, acreditan el fenómeno de la concentración futbolística. Hay dos maneras de reaccionar. Una mal vista, que yo personalmente practico, que es la indiferencia del con su pan se lo coman. Otra, mejor considerada, porque se la asocia a la dignidad, es la que la convierte en termómetro, indicador, metáfora de la propia invisibilidad social del territorio que se supone que nuestro equipo representa y clama por la reacción. Madrid y Barcelona juegan perfectamente sus cartas marcadas de la representación, y el fútbol cada año se convierte en un espacio más pequeño que solo se legitima a través del éxito. Excuso decir que si nosotros somos invisibles, qué se podrá decir del resto que aún está peor que nosotros. No hay una maldición singular del Valencia C.F. A mí me molesta la obsesión de querer ser querido, la exigencia de ser reconocido, y con la madurez patrocino la indiferencia ante las afrentas. Mestalla ha sido grande, y si quieren nuestro territorio ha sido grande, cuando nos hemos puesto a trabajar sin esperar el diplomita de Madrid. Toda esa obsesión por que nos reconozcan es estéril. No lo vamos a conseguir. Es un fenómeno político, social, y empresarial más complejo que el agravio de la moviola. Madrid inventa 'su' Barcelona, y Barcelona inventa 'su' Madrid en fútbol, política y todo tipo de ámbitos. El otro día escuchaba que se preparaba una 'cumbre' entre los Colegios de Abogados de Madrid y Barcelona, como si Valencia, Sevilla, Oviedo, Elche o Zaragoza no existieran. Esto viene de una falsa pluralidad territorial que acaba siempre en los dos personajes. Yo no quiero que me quieran. De esto Madrid, y todo lo que representa el poder en Madrid, no se ha dado cuenta todavía, y no advierten de la necesidad de que la factura de la deslealtad no haya que pagarla a escote. Me desvío a la parábola del hijo pródigo en política y esto ya no es recreación del fútbol. Por eso en la previa del partido contra el Sevilla, y pensando en mis buenos amigos sevillanos en lugar de caer en la trampa de ese odio banal, que no sabes de donde surge, habría que pensar en alianzas. Nuestros odios llenan sus vitrinas.

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