La ciudad y sus alcaldes

MIQUEL NADAL

Haciendo la tradicional mudanza de libros de Pascua en Oliva, entre estanterías, como si el cambio de espacio concediera a los libros una nueva oportunidad recupero otra vez uno de esos varias veces leído, destrozado por tanta consulta, desvencijado y con las cubiertas con signos de fatiga, como se dice en el vocabulario de los catálogos de libros. El libro es del año 1979, y lo debí comprar como máximo al año siguiente. Lo dejé dos veces y me lo perdieron dos veces. Lo volví a comprar en 1992 por 300 pesetas. En una Feria del Libro lo volví a comprar y ahora tengo dos, uno en Oliva y otro en Valencia. En muchos de mis trabajos y de mis diversiones para la escritura lo he utilizado porque tiene el rigor y el buen hacer del periodista, de cuando el oficio implicaba tener que escribir bien. El título: '50 Alcaldes. El Ayuntamiento de Valencia en el siglo XX'. Su autor, Francisco Pérez Puche. Aquel adolescente inquieto, enamorado de su ciudad, es hoy orgulloso vecino de sección del autor. Como los grandes libros tiene distintas lecturas. Hay una historia de la ciudad durante el siglo XX y de sus problemas inalterados. La historia del siglo XX en el Ayuntamiento es la crónica de la insuficiencia financiera, de los problemas de conexión, de su falta de influencia, de los complejos de nuestro imaginario colectivo, de las etapas de increíble euforia urbanística previas a etapas de humildad y timidez en la frontera con la deserción colectiva. Cuando a veces surge algún conflicto en relación con el traslado de algún edificio, o sobre la poca sensibilidad histórica y patrimonial de esta o aquella institución, uno se siente tentado a jugar al juego de identificar en qué etapa de nuestra historia más reciente ya pasó algo semejante. En ese sentido el libro es un riguroso instrumento de conocimiento que previene contra la tentación de pensar que lo contemporáneo es signo de novedad. De otra lectura surge la recopilación de todos los alcaldes del siglo, designados y electos, de la Restauración y la Dictadura de Primo de Rivera, de la II República y del franquismo, con todas sus luces y sombras. El libro acaba con una entrevista con el primer alcalde electo de la democracia de 1978, Fernando Martínez Castellano y una frase simple que aparece en una de las respuestas: «No se trata de hacer una ciudad grande, sino de hacer una gran ciudad». De la nómina de alcaldes resultaría difícil seleccionar tres o cuatro que tuvieran en su cabeza una auténtica y singular idea de la ciudad, a la altura de lo que Valencia representa. Estoy seguro que el autor sería capaz de trazar con oficio un panorama de estas cuatro décadas de alcaldes y alcaldesas. De cara al futuro somos los ciudadanos de Valencia los que deberíamos exigir a todos los partidos la elección y el examen de los mejores y con la mejor visión para hacer una gran ciudad. Pasar a la galería de retratos es fácil. Lo complicado es pasar a la historia, y a la altura de lo que la ciudad merece.

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