Soy feminista

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

A mi madre, que tiene unos estupendos 81 años, le hubiese gustado ser feminista. Eso es lo que yo siento al menos. Nunca se lo he preguntado, como tantas otras cosas. Ni los tiempos, ni la coyuntura social le permitieron serlo. Le faltó información, contexto, herramientas adecuadas y cómplices. Todo lo que hoy en día, afortunadamente, sí existe y está al alcance de cualquier persona. Pese a todo, yo creo que a su modo sí ha sido feminista. Todo lo que ha podido o ha sabido. Aunque estoy seguro de que le hubiera gustado serlo como en la actualidad se puede. Hoy se puede. Y se debe.

Yo soy feminista. No entiendo no serlo. Y soy feminista sin peros. Me espanta cuando se utiliza la coletilla del pero, como si hubiese que justificarse. Nadie se justifica por no ser racista, ni violento. Para eso no se usan peros. No comprendo la razón por la que es necesario aclarar y disculparse por desear la igualdad de todas las personas, en cualquier ámbito y escenario, sin que el género sea óbice para ello. Eso es el feminismo, parece mentira que haya que explicarlo constantemente. Pero si hay que hacerlo se hace. Y más un día como hoy.

Hoy las protagonistas son ellas, eso sí. Y en el tema del feminismo siempre han de serlo. No debemos olvidarlo. A los hombres en esta causa nos corresponde asumir un papel secundario, no llevar la iniciativa, dejar que ellas tomen la batuta, ser los aliados perfectos, propiciar los instrumentos para que se consigan objetivos y se tumben los muros que aún quedan levantados. Y evitar los peros. Y los aunques. Y los 'porsiacasos'. Y los 'sinembargos'. Y los 'noobstantes'.

Mi madre se rebeló ante cualquier tentativa de considerarla sumisa. Se enfrentó a quienes la querían discriminar o amedrentar por una cuestión de sexo. Buscó sus parcelas de autonomía, aunque con su trabajo en casa y la crianza de cinco hijos esto no fuese sencillo. Reivindicó que sus labores eran tan importantes como las que desempeñaba mi padre, aunque estas no estaban remuneradas. Se acopló a los tiempos cambiantes sin ningún manual de instrucciones. Ojalá lo hubiese tenido, porque me habría gustado ver lo que podría haber dado de sí. Mi madre siempre ha sido una peleona. Y el feminismo está necesitado de gente a la que se le dé bien pelear.

Yo soy todo lo feminista que mi madre no ha podido ser. Y lo soy por otras muchas mujeres que han vivido en épocas y en entornos en los que lograr la igualdad costaba sudor, dolores de cabeza y lágrimas. Y por otras que tuvieron peor suerte que mi madre y debieron aguantar abusos, trastornos, acosos, humillaciones, vejaciones. Y por las que todavía hoy se ven abocadas a situaciones terroríficas, desfavorables, denigrantes, indignas. Por todas ellas hay que colocarse con orgullo la etiqueta de feminista. Y lucirla, exhibirla, alardear de ella, visibilizarla.

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