de tele pública o no

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

En Bélgica el programa 'Radio Gaga' se emite en una televisión pública. No es extraño. Es un espacio que huye del grito, que pone el foco en historias cotidianas y mundanas, que esquiva el morbo, que tiene vocación para ser altavoz de situaciones y asuntos que no suelen ocupar espacios protagonistas en otros medios. Todo esto lo cumple la versión española. La única diferencia es que aquí el formato lo ofrece una cadena de pago. ¿Debería TVE tener en parrilla un espacio así? No estaría mal. Se supone que una emisora pública debe dar cabida a proyectos como este. Pero no pasa nada por que las plataformas de pago apuesten por este tipo de contenidos, que seguro que encuentran su público. Porque parece que las cadenas privadas solo deben preocuparse por 'Supervivientes' o 'Sálvame'. No, sería aconsejable que realizasen otras apuestas, que sean exigentes a la hora de programar, que tomen conciencia de la enorme fuerza y repercusión que tienen sus pantallas. Que la tele sea un servicio público no tiene por qué ser una ocupación reservada a TVE. Dicho esto, 'Radio Gaga' ha vuelto con su segunda temporada a Cero, el canal de Movistar. Lo hizo con una emotiva entrega desde Benidorm. No el Benidorm de las juergas ni el de los rascacielos multiplicados. Este Benidorm está plagado de historias emotivas, de personas que han encontrado en la localidad alicantina un refugio para su soledad y un lugar que les concede una segunda oportunidad. Y eso es bonito. Quique Peinado y Manuel Burque hacen lo que hacen siempre, escuchar, y se les da bien (al menos en este espacio). Apenas preguntan, permiten, a los que se suben a su caravana, que se explayen y narren sus experiencias. Ellos conversan y apuntan detalles. «Qué bien hueles», le soltaron a Mari (que se divorció cuando casi ninguna mujer se atrevía). «¿Se puede ser más elegante?», le espetaron a Mariano (que convive con valentía y voluntad con el alzhéimer de su esposa). El clima de 'Radio Gaga' permite que sus invitados se sientan cómodos y escuchados. Y esto tendría que ser una premisa de cualquier espacio televisivo, se emita en una cadena pública o no.

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