NO, NUNCA ES TARDE

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

No. No les hagas caso, no te dejes amedrentar por sus preguntas, no te sientas condicionada por sus dudas. No tengas la obligación de dar explicaciones, de responder preguntas que esconden detrás una presunción de culpabilidad. No te defiendas. No dejes que te ofendan. No compres ese discurso. No. El interrogante es recurrente: ¿por qué ahora? Surge a propósito de las acusaciones de muchas profesionales del mundo del cine contra magnates, guionistas, directores o productores, a quienes señalan por abusos y acoso. Algunas narran experiencias próximas, otras más lejanas. La lista de víctimas de, por ejemplo, Harvey Weinstein asciende a 60 mujeres y abarca cuatro décadas, es decir, toda su vida profesional. ¿Por qué ahora?, esgrimen los incrédulos. No es una coletilla nueva. Se ha usado en cientos de ocasiones y, sorprendentemente, en casos relacionados con maltratos y otras situaciones abusivas, como dando por sentado que denunciar fuese siempre sencillo. Hablan en la mayoría de ocasiones los que nunca fueron agredidos, los que no tuvieron que alzar la voz ni acusar. Ellos se muestran escépticos con los tiempos. ¿Por qué lo hacen? ¿Qué se destapa esa suspicacia? Existe un poso de acusación detrás de esa cuestión, de que si no se dijo antes por algo sería. O no sería. Hay refranes que hacen mucho daño y que deberíamos eliminar de nuestras conversaciones. O quizá haya que eliminar a los que los usan. Piensa mal y acertarás. No. A buenas horas, mangas verdes. No.

No. Nunca es tarde. Nunca es tarde para casi nada. Y menos para dejar atrás y salir de una estancia aciaga y opresiva. Para decir basta. Para hablar. Para dar pasos. Da igual cuánto se tarde en tomar la determinación, en armarse de valor, en reconocerse a uno mismo para presentarse a los demás, para mostrar esa realidad incómoda. Encontrar el momento. Ahora muchas mujeres lo han encontrado y han puesto el foco en prácticas intolerables que se llevan a cabo en determinados ámbitos laborales. Y con el silencio de muchos cómplices, no nos olvidemos de eso. Los que ven y callan. Unas lo hacen ahora porque están fuertes, otras apoyadas, otras solidarias, otras decididas, otras aliviadas. El camino para cada cual es diferente. Pero nunca es tarde.

Para casi nada. Nunca es tarde para intentar una nueva vida, después de asumir fracasos o éxitos mal llevados. Nunca es tarde para revelar a alguien lo que antes no te atreviste o de lo que no fuiste consciente. Nunca es tarde para probar en aquel terreno que siempre te despertó curiosidad y algo no te permitió avanzar sobre él. Nunca es tarde para cambiar, de ciudad, de trabajo, de indumentaria, de cama. Nunca es tarde para sacar los miedos del cajón y hacer espacio para guardar bienes mejores.

Nunca es tarde para deshacerse de lo que pesa y para resolver cuentas, que también pesan. No existen reglas establecidas, ni plazos apropiados, ni condiciones aceptables o no. Que nadie se proclame juez. Y si alguien pregunta por qué ahora, nunca es tarde para no tener que responder. No.

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