El verificador

ARSÉNICO POR DIVERSIÓN

Cuesta entender cómo alguien se expone a publicar un 'curriculum vitae' en internet con mentiras flagrantes

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

En uno de los episodios de la serie norteamericana 'Cinco Hermanos', la protagonista decide presentarse a las elecciones y, antes de comenzar la campaña electoral, contrata a un husmeador, a una persona encargada de fisgonear en su vida, su pasado, sus propiedades y su familia, en una palabra, en todo lo que puedan hurgar los periodistas o los enemigos políticos; en aquello que puede estallarle en la cara en el peor momento. Cuando comienza su tarea, ese incómodo personaje tiene patente de corso para sacar trapos sucios. Es molesto pero muy útil. Con ello se tiene la tranquilidad de saber tanto o más que la prensa, y prepararse, así, para responder si el oponente pretende usar algo feo contra ella. Me pareció entonces una licencia cinematográfica que daba juego al espectador, pero después de asistir a la ciclogénesis explosiva de Cifuentes, el mea culpa de Casado y la petición en Les Corts para revisar el curriculum de los diputados, se me antoja la mejor alternativa posible. Lo cierto es que no todos en Estados Unidos parecen hacerlo o confían demasiado en que ninguna modelo, becaria o amante saldrán a poner todo patas arriba. A la vista está que el sistema, por suculenta que sea la cifra, puede fallar.

La propuesta de los 'agermanats' para que Les Corts verifiquen la veracidad de los méritos alegados por sus señorías es interesante si no tuviera que traducirse en horas de trabajo y, por tanto, en dinero destinado a un señor o una señora para que nos diga quién miente. Personalmente preferiría que ese dinero se destinara a algo necesario como becas o dependencias no concedidas. Será porque acostumbro a nutrir mi curriculum constantemente y a dar cuenta de ello a las autoridades académicas pero cuesta entender cómo alguien se expone a publicar un Curriculum Vitae en Internet con mentiras flagrantes. Si aún habláramos del clásico en papel que solo ve quien terminará tirándolo a la papelera, o las mentirijillas, burbujas de verdad, que algunos cuentan de sí mismos en las entrevistas de trabajo confundiéndolas con autoafirmación, tendría un pase. Pero en los tiempos de las redes, de Internet, de que todo sea transparente y público, colgar un solo dato falso nos expone a todos, mucho más a los personajes públicos. Lo asombroso es que ningún becario con ganas de comerse el mundo periodístico se haya dedicado a ratos a confirmar que todos son lo que dicen ser. Así, pues, ningún engaño justifica que parte de los presupuestos, ya famélicos, se destinen a decirnos quiénes tienen un concepto demasiado elevado de sí mismos, tanto como para presentarse de capitán general no pasando de cabo primero. Es más, viviendo en un contexto tan tecnológico y tan hiperconectado, lo propio sería que cualquier organismo público tuviera su base de datos pertrechada con un filtro capaz de revelar la falsedad. Si lo hace Internet con los plagios, ¿por qué no va a hacerlo con esto?

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