MUSEO DE SAN VICENTE

ARSÉNICO POR DIVERSIÓN

Hoy, los objetivos militares son ciudadanos que pasean por las Ramblas, no instalaciones del Ejército

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Sería una curiosa consecuencia del año vicentino en Valencia que el Convento de Santo Domingo volviera a la Orden de Predicadores a la que perteneció. ¡Qué mejor homenaje al Santo que vivió en una de sus celdas! Eso no ocurrirá -lo sabemos- porque la devolución de los bienes expoliados a la Iglesia en la desamortización decimonónica no es defendida por ningún partido político y mucho menos por los que ahora proponen que se «desmilitarice» Capitanía. Lo defienden desde el proteccionismo cultural que, a su entender, es incompatible con la milicia actual. Ni una sola mención a San Vicente en su centenario. Ellos reclaman esos bienes para la ciudadanía. También lo hizo en su día Mendizábal, en una suerte de populismo 'avant-la-lettre', y acabaron, en su mayoría, engrosando los erarios de cuatro particulares muy vinculados al poder de turno. Poco importa que algunos de los grandes conventos en España se perdieran precisamente por la desidia de los gobiernos municipales y que otros, como éste, se hayan mantenido gracias a las restauraciones promovidas por algunos capitanes generales. El problema no es la cultura; es la militarización.

El Convento, hoy, puede visitarse, está cuidado, se ha rehabilitado y no expone la imagen de Franco. Promover su nueva desamortización, por tanto, es un acto de electoralismo como otro cualquiera, oportunista, efectista y útil si consigue que se levante de nuevo alguna corriente de descerebrados ultras para defender lo que sea con métodos violentos. Por eso, los valencianos deberíamos mantener la cabeza fría y el espíritu, calmo. Cualquier estridencia en nombre del Ejército puede ser utilizada en su contra. Y en la de todos.

La justificación escuchada ayer en Les Corts de que Capitanía pueda ser un objetivo militar produce cierta perplejidad. Hoy, los objetivos militares son ciudadanos que pasean por las Ramblas, no instalaciones militares que ni siquiera son puntos estratégicos a no ser que el Daesh decida tomar la ciudad desde los restos del Palacio Real como si quisiera humillar al Palleter y vengar la afrenta a los ejércitos napoleónicos. Para nuestro 'enemigo', el problema no es el Ejército. Sus bombas no intentan destruir instalaciones militares sino mercados o escuelas. Y, desde luego, espacios culturales o religiosos. La Capilla del Santo Cáliz es más estratégica que Capitanía para él.

La propuesta del PSPV para convertirlo en Museo resulta más interesante, pero lo coherente sería que allí se mostrara la presencia conventual en Valencia durante siglos; la huella de los Dominicos, en especial, de San Vicente Ferrer y de San Luis Beltrán o, mejor aún, un museo dedicado al Santo, a su obra, a su patronazgo y a su influencia en la Historia de la Comunidad Valenciana. Dudo que ése sea el plan de los promotores pero seguro que a los miles de vicentinos que hay en Valencia les parecerá justificado así el cambio de uso del Convento.

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